El agro, amenazado de muerte
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Si no se gobierna con inteligencia y altruismo para el bien común, se generan situaciones insólitas por doquier, propiciadoras de conflictos

El agro, amenazado de muerte

Los tiempos cambian y las condiciones del desarrollo nacional también. Si el crecimiento se produce antojadizamente, aprovechando circunstancias, sin un ordenamiento que regule todo en el marco de una estrategia adecuada y favorable para el país, tarde o temprano esto comienza a pasar una factura producto de las improvisaciones.
En la actualidad, esta factura cae sobre los productores agropecuarios que denuncian, angustiados, la insólita situación a la que se enfrentan a causa de una reforma promovida por el Partido Liberación Nacional en la administración anterior y la presente, bajo el nombre de Nueva Plataforma de Valores de Zonas Homogéneas.
La iniciativa elevó el precio de las tierras, como lo indica una publicación de este medio hoy, sin hacer distinción alguna entre “una hectárea dedicada a la producción de papa, y un centro comercial de 10 mil metros cuadrados”.
En ciertas zonas, carentes de adecuados planes reguladores, se adquirieron tierras para desarrollos de alto valor económico, situados casi a la par de pequeños agricultores que producen apenas para sobrevivir. Es de sentido común que ambos casos no pueden pagar iguales impuestos.
Pero esto, que pareciera tan simple, aparentemente no fue tomado en cuenta para establecer las nuevas cargas que amenazan a los campesinos que viven de una mínima producción para el consumo interno o para subsistencia familiar.
El proyecto, para el nuevo modelo de tasación, fue financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo y ejecutado por un consultor extranjero.

Ahora, los gobiernos locales aducen que de no cobrarse estos impuestos, tal como se pretende, quebrarían por tratarse del 50% de sus ingresos. Esto sin considerar que los campesinos a quienes se les pretende cobrar no tienen cómo hacerlo y se quedarían sin tierra con qué alimentar a sus familias.
Un problema que evidencia cómo, si no se gobierna con inteligencia para lograr el bien común, se generan situaciones insólitas por doquier, propiciadoras de conflictos.
Costa Rica está sumamente necesitada de un plan-país, diseñado con inteligencia y altruismo y de políticas lúcidas que definan acciones a corto, mediano y largo plazo para las necesidades de todos los sectores.


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