Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 31 Enero, 2008

El abuelo generoso

Gaetano Pandolfo
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Me enteré por estos mismos territorios que una familia de clase media, profesional, pasó las fiestas de fin de año en playa Herradura.
Supe también que llevaron para el viaje bronceadores, bloqueadores de diferente numeración y especificidad (¿qué será esto?), paños suficientes y literatura de sobra. Esto último da caché.
Ah, pero también llevaron cepillo de dientes, suponemos que uno para cada uno, gorra (nos advierten que para el sol del mediodía), no vaya a salir el bandido por la noche, chancletas —dice la señora que si no, se queman los pies—, y esteras para acostarse sobre la arena.
Cuando la familia se mete al vehículo, nos cuenta la autora, se inicia una serie de sonidos electrónicos y se ilumina el espacio, gracias a tres pantallas en acción, tres celulares que suenan al mismo tiempo y media docena de audífonos repartidos por los asientos.
Ella supone que está ingresando al laboratorio de Franklin Chang y así lo reseña.
Tanto ruido se debe a que el abuelo de las niñas, generoso y mágico, les regaló a sus nietas para Navidad una computadora portátil para cada una.
Dichosas las chiquitas, que yo a mis nietas solo pude regalarles un churchill en el Paseo de los Turistas en el Puerto.
Pero eso del abuelo no fue nada.
El marido de la señora les regaló a sus hijas un reproductor de DVD portátil con pantalla incorporada.
A ella, su esposo, también le regaló uno, pero rosado.
La señora nos cuenta que se puso histérica, ansiosa y temerosa de no llevar a Herradura todo lo necesario, pero baja la tensión al sacar su primer set de lectura, colocarse los audífonos y seleccionar la música que carga en su reproductor, suponemos que el rosado.
Lamentablemente para la familia, los presagios de la madre se cumplen; una llamada telefónica externa detiene el vehículo; la señora dice que se repite una escena como la de “Little miss Sunshine”.
Yo me quedo al bate porque no sé inglés ni vi la película, o quizá sea obra de teatro.
Pero, que hay drama, hay drama.
Resulta que quien llama es cuñado de la señora y le recuerda que cuidado olvida otro regalo que le habían hecho a la familia: ¡un karaoke!
Hubo que regresar a montar el equipo faltante.
Y ahora sí, concluye la dama.
“Que corra la película, que empiece la música, que se activen los programas informáticos, que suenen los celulares ¡estamos listos para salir de vacaciones!”.
Mae… no le digo…