Macarena Barahona

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Sábado 30 Mayo, 2009


Cantera
El trofeo de la guerra civil de 1948

No importa que hayan transcurrido 60 años, o que el pasado se desdibuje como pesadilla en la memoria, o que quienes ostentan el poder de la sabiduría de nuestra cultura la reinventen en poltronas dedicadas a niños, que tampoco existen.
Me da miedo pensar simplemente en la inhumanidad de José Figueres y quién sabe qué otros honorables miembros militares y civiles de su famosa Junta, de negarle, una y otra vez, en tan largos meses de agonía la posibilidad de morir en su patria.
Además de pensar, existir, escribir, hablar, caminar, marchar, ¿qué miedo le habrán profesado a María Isabel Carvajal, para negarse ante sus derechos profundos de honrosa y valiente costarricense?
Sin buscar, llegó a mí el dato: un 19 de mayo de 1949 llegaron sus restos, en un vuelo de un amigo, desde México, a sus últimas honras fúnebres, en su suelo, en su maceta, como ella diría, a buscar su jardín, su nido de guarias, a respirar este aire, que en esa época teñían de odio, y la venganza, la oscuridad de la intolerancia, lo ajeno a una vida, a su vocación de esperanza para los necesitados, de justicia para tanto trabajador humillado por las compañías bananeras, su dignidad y su coraje de defender la nacionalización de la electricidad, a los niños pobres, los derechos de las mujeres, de las trabajadoras, de los trabajadores.
La vemos desfilar en las imágenes de cine ya históricas, llena de alegría, de fuerza, hecha una mujer por sus ideas, la vemos en la lucha contra Tinoco, defendiendo su gremio, y el de todos, las maestras, los maestros, los asalariados, los que acuñan con su trabajo la inteligencia, la ética, y la fuerza del destino de una Patria.
Por qué tanto odio, tanto temor, y 60 años después, como si no existiera, en la memoria de nosotros, de los medios de comunicación que se afanan en llenar sus espacios de bagatelas y ofender los cuerpos de las mujeres en su cosificación erótica.
Mujeres que son dignas de recordar para siempre, por su moral, su compromiso, su ética como María Isabel Carvajal, ni la Municipalidad de San José, que liquidó su nombre de la Biblioteca Infantil en el quiosco del Parque Central, nada, ni una placa, ni un monumento.
Ese poder de los muertos… que siga dando lucha, marcando nuestros destinos, amando nuestra patria.