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Cierre en Pekín
El triunfo de China y los retos de Londres

Luis Alberto Muñoz
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La prensa internacional puso en evidencia los celos que guardan algunas naciones del primer mundo por el surgimiento del gigante asiático.
Sin embargo, esas nimiedades no lograron opacar la impecable organización y desempeño de las Olimpiadas acogidas por China.
Para desgracia de millones de televidentes en América, el monopolio sobre los derechos de transmisión adquiridos mediante el pago de $900 millones, provocó que no pudieran apreciar este espectáculo universal con toda la elegancia y pulcritud con que se ejecutó.
China ha logrado aprovechar bastante los Juegos Olímpicos para hacer un despliegue de imágenes ante el mundo de la tremenda renovación que ha vivido en las últimas décadas.
Pekín vestida de gala, hasta en los menores detalles, llenó y sobrepasó las expectativas, inclusive de los propios atletas, quienes no han
dudado en señalar que se trató de las mejores justas realizadas hasta el momento.
Estas Olimpiadas pretendían ser para China una demostración de su poder económico y político, sin embargo los Juegos resultaron también ser una manifestación de su potencial atlético, al alcanzar 51 medallas de oro, 15 por encima del segundo lugar,
Estados Unidos.
“El mundo ha aprendido de China y China del mundo”, dijo Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional durante la ceremonia de clausura.
El desempeño deportivo de las justas en Pekín fue sobresaliente, lo suficiente para lograr romper 37 récords mundiales.
Más allá de la competencia y rivalidad entre países, las Olimpiadas han mostrado la capacidad de unir al ser humano a través del deporte.
Este es precisamente el mayor reto que enfrentará Londres para 2012, como el próximo anfitrión, más crítico en momentos en que la tolerancia racial es delicada y las medidas contra inmigrantes se endurecen en el seno de la mentalidad europea.
Es aquí donde los grandes reproches que cayeron sobre Pekín ahora empiezan a apuntar a Londres. Pese a la confianza manifestada por Rogge sobre los próximos juegos, ¿podrá la capital de Inglaterra convencer al mundo de ser verdaderamente abierta?
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