Juan Carlos Barahona

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Jueves 22 Enero, 2009

El trabajo en tiempos de crisis

Juan Carlos Barahona

Esta semana corren por el mundo vientos de esperanza. Nos guste o no, Estados Unidos sigue siendo la nación más influyente del planeta y si a ellos les va bien, a nosotros también. Con el nuevo presidente muchos esperan que las cosas mejoren. Yo también, pues buena parte de la recesión que vivimos es el resultado colectivo de nuestras expectativas sombrías sobre el futuro y como actuamos frente a ellas, de modo que la esperanza puede contribuir a mejorarlas.
Pero el mismo Obama dijo que aunque el futuro será mejor, el camino hacia la recuperación será tortuoso y posiblemente este año sea difícil. Aquí en el terruño nos tenemos que preparar empresas y personas para unos meses complicados.
Desde la perspectiva individual, la palabra recesión significa por sobre todo una amenaza a nuestro empleo y, con ello, a nuestra forma de vida, pues en tiempos de recesión no es fácil encontrar otro trabajo y mientras tanto hay que seguir atendiendo nuestras obligaciones. Así que vale la pena revisar algunos consejos para mantener el trabajo en tiempos de crisis.


Lo primero es un plan personal que aumente las probabilidades de que su nombre no aparezca en una lista de posibles despidos. Me explicaba mi hermano psicoanalista, que la diferencia entre la depresión y la tristeza profunda es que el triste, a diferencia del deprimido, puede imaginar un futuro mejor. Así que el primer paso es ser capaz de poner mucha atención a la crisis pues se requiere realismo, pero a la vez imaginarse un futuro mejor pues se requiere más que nunca que usted actúe con confianza, seguridad y buen humor. Si en épocas de crisis la colaboración y el trabajo en equipo son claves, recuerde que a nadie le gusta trabajar o jugar con “Mr. Grinch”.
El futuro de la organización está en las manos de sus clientes. El nivel de ventas determinará la cantidad de puestos de trabajo. Imaginar el futuro es imaginar nuevas formas de servir al cliente, de agregar valor a lo que se hace, sin descuidar tampoco a los clientes internos. Si lo que hace es considerado indispensable para los clientes es menos probable que lo despidan.
Si tiene otras habilidades por ahí escondidas es el momento de sacarlas a la luz, intégrese a fuerzas de tarea y comisiones que tal vez antes hubiera evitado. La empresa necesita gente con capacidad de usar más de un sombrero y usted, además, ganará visibilidad. Un colega de INCAE siempre recuerda a nuestros estudiantes que tan importante es poner el huevo como cacarearlo.
Sea empático con los líderes de la organización, empezando con su jefe directo. Si es difícil llevar el barco por aguas turbulentas, es además angustiante pedir esfuerzo a personas que a lo mejor tendrá que despedir. Es el momento de ser paciente con aumentos y asensos, acérquese a su jefe para ver cómo puede contribuir mejor desde su unidad, las recompensas vendrán luego. Si ser empático con los líderes de su organización le es muy difícil o siente que le resta autenticidad, a lo mejor, con o sin crisis, es mejor que se vaya buscando otro trabajo.
Plan B
De todas formas es conveniente tener un plan B. No se espere a que lo despidan para actualizar su curriculum y reactivar su red de contactos en busca de posibles empleadores o fuentes de referencias. Dedique tiempo a pensar en usted, a conocerse, a ubicar sus fortalezas y en dónde podrían ser apreciadas.
Lo bueno de la recesión es que nos da la posibilidad de sacar, al igual que las organizaciones, lo mejor de nosotros mismos.

* Profesor de INCAE Business School