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Con Sumo

Carmen Juncos
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El “toque” masculino

Cuando los roles entre hombres y mujeres definían que ellas estaban en casa a cargo del hogar y ellos en la calle trabajando, el mercado sabía qué fabricar y cómo vender productos según fueran para uso por parte de los hombres o de las mujeres.
Hoy que todo eso ha cambiado y ambos sexos utilizan muchos productos y servicios que antes eran exclusivos de uno, los diferentes actores de la producción y el mercado están en constante proceso de adaptación a las nuevas características y exigencias del consumidor.
Dos ejemplos ilustran esta nueva realidad.
Antes se diseñaban relojes de pulsera en general según el gusto, la necesidad y el deseo masculino que era, además de tener a mano la hora, disfrutar y reflejar poder económico mediante esta prenda. Como eran generalmente los hombres quienes compraban relojes para su uso y para regalárselos a las mujeres (novia, esposa, hija), estos seguían el patrón del gusto masculino aunque adoptaran un diseño femenino.
Hoy que la mujer trabaja fuera del hogar y maneja su economía personal, compra sus relojes y por eso estos (los fabricados para mujeres) en la actualidad son de muy diversos estilos para combinar con el resto del vestuario adaptándose a las modas y al gusto femenino.

Sin embargo, como el proceso que lleva a los varones a desenvolverse en roles antes únicamente femeninos ha sido más lento porque se inició después, como consecuencia del otro, la industria no ha incorporado mucho aún el gusto y los deseos masculinos en artículos de uso en el hogar (aunque sí para las oficinas), a pesar de que muchos hombres disfrutan ahora cocinando, atendiendo a los niños o haciendo la compra para abastecer la despensa y el refrigerador.

¿Cambiará o se combinará en algún momento el famoso “toque femenino” en los ambientes hogareños con un “toque masculino” que mantenga la calidez y el ambiente acogedor?
Es fascinante observar la evolución de estos fenómenos de la sociedad actual y detectar qué beneficios podremos obtener en un contexto en donde, hombres y mujeres, al mismo tiempo que protagonizamos estas transformaciones, ejercemos cada vez más el poder de consumidores informados de productos globales.
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