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El proyecto país de la felicidad


Según parece la mayoría de los costarricenses está conforme con su calidad de vida, a pesar de que su nivel de ingresos promedio no es el más alto de Latinoamérica y el Caribe; esto se debe a que esa mayoría tiene acceso a la salud, a la educación y a los servicios públicos básicos como electricidad, agua y teléfono, además del peso que tienen en su felicidad personal la vida en familia, los amigos y la espiritualidad.
Los ticos se declaran bastante satisfechos según un estudio realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo, por encima de los panameños o los mexicanos, que les siguen, mientras que los chilenos, con uno de los países más prósperos, no se sienten tan bien con su calidad de vida como los venezolanos o los brasileños, para mencionar solo unos ejemplos.
Sin embargo, según estos datos, publicados por LA REPUBLICA el martes, el principal problema que no permite ahora a los costarricenses disfrutar la vida es la inseguridad ciudadana. Su vida y sus bienes están bajo constante amenaza y crece el crimen organizado.
Un panorama claro, pues, sobre cuáles aspectos deberían tomar en cuenta los actuales y futuros gobernantes. Devolver a la población la seguridad y la paz en las calles y en los hogares, reforzar el sistema de salud pública de la Caja de Seguro Social hasta retornarle la eficiencia, calidad y prontitud que antes tuvo, y poner la educación al día en infraestructura, calidad y recursos tecnológicos.
Con un país aún bien dispuesto para ser feliz y construir el futuro mediante una vida en familia, valorando la amistad y sin el vacío espiritual que afecta a otras poblaciones, los gobernantes tienen la oportunidad de dar un gran paso adelante, como lo hicieron sus antepasados a mediados del siglo pasado, con medidas que aseguraron el progreso y la paz en Costa Rica durante muchos años.
No es una tarea imposible. Pero se necesita un proyecto–país capaz de motivar y unir a los costarricenses para trabajar como una sola fuerza en pos de esa meta, y una férrea voluntad de acabar con actos de corrupción y malos manejos administrativos. Se necesita promover la decencia como forma de vida.


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