Macarena Barahona

Enviar
Sábado 23 Mayo, 2009


Cantera
El poder del terror

He crecido en los mismos años en que el consumo de droga fue extendiéndose en la sociedad; del colegio a la universidad, fui conociendo la vida que deja el consumo de la marihuana, de la cocaína, de las anfetaminas, piedras, heroína, los que se quedaron abrazados a estos ídolos de la muerte, los que lucharon y salieron de sus infiernos íntimos, los adictos de sus patéticas euforias, los que hicieron y hacen sufrir y doler a los que aún los aman, estas estelas de los consumos masivos aquí, en nuestro país, como en tantos otros.
Crecí informada de los peligros del abuso, pero es más terrible el negocio de la droga, el poder del narcotráfico, ese narcoterror que construye y destruye en México o en Colombia, productores clandestinos, comerciantes clandestinos, hacia un inagotable mercado de consumo en las sociedades norteamericanas, europeas u otras capitales del Oriente y de Africa.
Creo que la violencia de los criminales roza con el gozo sádico del que se considera en su maldad, inmune, entre el cielo y la tierra, porque ya un Dios no cabe en una moral donde todo se convierte en dinero.
El poder del terror: de que todos podemos ser corruptos, desde los que no conocemos a los más cercanos, en un abanico de posibilidades para tan fabuloso negocio, cobijado en su clandestinidad, la tentación múltiple de lo escondido y productivo, al fin, el drogadicto, si se piensa; es su libertad de consumo.
Si la drogadicción es un problema de salud, la criminalidad de este negocio, su cara criminal es aún más terrible. Y su única lucha seria es que dejara de ser tan negocio en su ilegalidad.
Sabemos que tendrá que ser grandes consensos de distintos países, pero debe ser una bandera retomada por nosotros, nuestro papel de puente, de escondite, de tráfico, de rutas, ser cada vez más, la secuela, no solo del consumo, sino del crimen, que corrompe, y hace sufrir a más víctimas, y todos con el luto y el horror que ya hemos visto por décadas en otros países.
La despenalización es el objetivo que se debe construir, para luchar contra el crimen organizado, para defender nuestro territorio de mercenarios de la droga de Colombia o de México, los testaferros nacionales, y la terrible corrupción que van dejando en la seguridad nacional, en las estructuras políticas, en nuestra pasmosa identidad nacional, que hasta que es tarde no aceptamos la brutalidad del narcoterror y su poder.