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El Nacional cerró sus puertas

Emotivo adiós al viejo coliseo escenario de miles de momentos


Susana Ruiz
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Después de 84 años de albergar grandes actividades deportivas, políticas, religiosas y culturales, el Estadio Nacional, también llamado “La Tacita de Plata”, cerró sus puertas ayer oficialmente, después de abrir sus portones el 29 de diciembre de 1924.
En la historia quedará grabado el encuentro Universidad de Costa Rica y Brujas, de la segunda fase del torneo de Verano, como la última actividad oficial realizada en este coliseo, que le dio la victoria a los hechiceros y el gol de Roneo Martins, como el último anotado en ese estadio, al marcar el segundo tanto de los celestes en tiempo de reposición.
Este emotivo partido contó con la presencia de una gran cantidad de aficionados, mayoría celeste, que fueron a apoyar a los respectivos equipos pero también para ser testigos presentes de este día especial. Abundaron las fotografías en todos los sectores del Estadio, pues cada familia y grupo de amigos y deportistas quiso guardar un último recuerdo.
Desde las 10 de la mañana disfrutaron con la banda cantonal Municipal de Santa Ana, que fue la encargada de entonar el Himno Nacional.
Las autoridades del ICODER, encabezadas por su Director General, Jorge Muñoz -el viceministro Osvaldo Pandolfo estuvo ausente por razones de salud-, aprovecharon el momento para rendirle homenaje a Pastor Fernández, quien marcó el 16 de julio de 1989, el gol con que Costa Rica clasificó por primera vez a un mundial, el de Italia 90.
“Me siento agradecido con este homenaje, recibo esto como un reconocimiento para mí y para todos los compañeros que clasificamo
s por primera vez a un Mundial”, indicó Fernández.
El plato fuerte de esta despedida sin duda fue el encuentro entre universitarios y hechiceros, y en el descanso, se le dio espacio al atletismo con la prueba de 200 metros, que ganó Nery Brenes.
Al final del partido se rindió homenaje a Martins, anotador del último gol en el viejo coliseo y de inmediato se realizó el acto simbólico de la demolición, derribando personeros de la empresa Meco, encargada de la obra, una parte de un muro en el sector oeste, lo que fue aprovechado por decenas de aficionados que se apoderaron de los ladrillos que cayeron en el pavimento como souvenir o recuerdo.
Las puertas de ingreso a la gramilla se abrieron y la cancha de fútbol fue invadida por los aficionados que también fueron en procura de pedazos de zacate y de mallas como recuerdo.



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