Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 12 Julio, 2008

ELOGIOS
El libro

Leopoldo Barrionuevo

Hay tanto libro, que es difícil rescatar lo valioso de lo que no lo es en términos de la búsqueda que las editoriales emprenden tras el marketing del best seller.
Y uno no puede fijar pautas sin tener en cuenta las distintas opiniones, por lo que hemos pensado que movernos entre la bibliografía actual y la clásica es una buena postura en un mundo en que se lee poco, aunque uno sea alfabeto, ya que solo se trata de leer. Al fin y al cabo, leer no es un ejercicio sino un arte, el arte de gozar de otros pensamientos, en especial de aquellos que no coinciden con nuestro modo habitual de ver las cosas.
Se piensa que Internet es el gran enemigo, al igual que el tiempo que mucha gente dedica a la computadora y esto tampoco es cierto si la gente lo roba a la televisión y al ocio sin sentido. A mí me entretiene verificar blogs con temas que me atraen, para saber hasta dónde llega la gente, en especial aquellos que no tienen razón y gritan por escrito para demostrarlo, voces pequeñas en el universo de la Web que con suerte serán leídas por un puñado de lectores que no podrán recordar sus nombres.
La política y el fútbol se llevan las palmas de la intolerancia y la diatriba. Pero puedo elegir soslayarlo, cambiar de sitio, del mismo modo que la pornografía y los mensajes eróticos.
He escuchado a algunos críticos expresar su pesar porque los niños naveguen por la Web y pienso que todo equipo obsoleto convenientemente arreglado sería una maravilla no solo para colegiales sino también para infantes que aunque no leyeran aprenderían a navegar y prepararse para un futuro que no podrán eludir y estará ocupado por una herramienta tecnológica ineludible.
Las nuevas laptops casi desechables acercarán a muchos a este objetivo y en especial aquellas que cumplan con el periodo de garantía que facilitará un precio menor. Lo siento por los de mi edad que aún insisten en que no les interesa cambiar la escritura manuscrita, el correo tradicional, escuchar música de antaño, ver películas en blanco y negro pero que envidian a sus nietos por moverse en un mundo de conocimientos que los hubiera enriquecido intelectualmente si no se negaran a la realidad.
Por dicha hay cosas que cambian pero no desaparecen como por ejemplo los tocadiscos de 78 y 33 mm., es decir los de vinilo que han vuelto a tener vigencia y así nos permiten recuperar las hermosas composiciones de otros tiempos con una pureza superior, permitiéndonos gozar de mucha música que no ha podido ser superada. Con el libro pasa otro tanto, la falta de reediciones nos permiten encontrar obras que se ofrecen, usadas, a diez veces su valor original por la vía de Internet.
Porque leer es un modo de vida que se convierte en comunicación primordialmente táctil con el autor, algo que aprendimos desde muy niños y ocupó las horas más hermosas de nuestra juventud, mientras que la tecnología nos regala información, solamente información a velocidad tal que la meditación, el rumiar pensamientos y el ensimismarse que preconizaba Ortega y Gasset, son cada vez más difíciles e inalcanzables con el consiguiente vacío de comprensión y la superficialidad inevitable.
No se me quita el uso de los viejos reproductores: no necesito 10 mil tangos incorporados, mi vida no da para tanto y prefiero, como en el pasado, seleccionar cada composición en el momento, el lugar y la compañía adecuada: no me interesa la cantidad, sino lo selectivo.
Será por eso que no me acostumbro a pensar en un mundo sin libros porque así vi crecer a mis hijos y a mis nietos, rodeados de libros desordenadamente ordenados que les decían a menudo: “Estoy en tu entorno para acompañarte, servirte y enseñarte y no dejarte nunca puesto que soy un amigo que no traiciona ni abandona…”

www.leopoldobarrionuevo.com