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Jueves, 17 de octubre de 2019



FORO DE LECTORES


El inminente camino a la descentralización económica

Ignacio Guzmán [email protected] | Martes 06 noviembre, 2018

Opinión Ignacio Guzmán

Descentralización y blockchain

Uno de los beneficios más obvios y disruptivos de la descentralización incorporada en el blockchain es la eliminación de los intermediarios como custodios de datos críticos, que tienden a ralentizar o incluso a obstruir los procesos de negocios que deben soportar. La descentralización conduce a la democratización de la información y evita la necesidad y los costos asociados con el modelo de centralización ubicuo. La falta de dependencia de estos actores externos agiliza el negocio y reduce los costos.

¿Qué significa la descentralización y por qué es importante? Por ejemplo, si la mayoría de los activos de una persona se almacenan en una institución financiera, una falla dentro de esa institución puede potencialmente acabar con todo. La descentralización inherente de blockchain aborda este problema institucional mediante la creación de un repositorio ampliamente tolerante a fallos para sus activos que elimina cualquier punto único de falla.

Podríamos definir las siguientes características como imprescindibles para un sistema descentralizado: (i) un modelo distribuido, (ii) eliminar a los intermediarios; (iii) transacciones esencialmente inmunes a ataques, fraude o manipulación y (iv) gestión de la confianza (protocolos de consenso).

¿Cómo mejorarían nuestros países?

Masificando los contratos inteligentes. Reduciendo los temores sobre transacciones con intermediarios deshonestos o corruptibles, así sean instituciones, gobierno o profesionales.

Mejorando el acceso a facilidades bancarias. Las monedas digitales ayudarían a los habitantes de los países en desarrollo para acceder a los servicios bancarios que muchos de nosotros damos por sentados.

Una forma de moneda más confiable. Un motivo clave detrás de la formación de bitcóin fue crear una moneda que fuera invulnerable a los efectos de la inflación. Esto sería bienvenido masivamente en países como Zimbabue o cualquier otro donde la hiperinflación haya diezmado la economía.

Las monedas digitales proporcionan un método más rápido y más rentable para enviar dinero al extranjero.

El crecimiento del empleo. Blockchain modificará decenas de industrias además de los servicios financieros en los próximos años y se espera por ello la creación de miles de empleos.

Un modelo de confianza más fiable. La naturaleza descentralizada de blockchain podría crear un modelo de confianza más confiable en países donde existe una clara falta de confianza en los gobiernos.

 ¿Qué sucede en Costa Rica?

 Nuestro país debe enfocarse en producir valor, no burocracia. Procuremos que los recursos generados en el país sean por un servicio o producto útil, generando algún tipo de valor a quien lo consuma y no por pagos a custodios o depositarios de la confianza que, hoy en día, son perfectamente prescindibles.

Actualmente son prácticamente incuestionables las facultades que por ley tienen los bancos dentro del sistema financiero, los notarios para dar “fe pública” en determinados actos o contratos, procesos de elecciones vigilados por los colegios electorales de nuestros países, la administración de justicia impartida por los aparatos jurisdiccionales de cada nación, las funciones aduaneras que fiscalizan los envíos y recepciones de productos o paquetería, entre muchísimos otros intermediarios próximos a ser obsoletos o innecesarios.

Estas facultades centralizadas en determinadas personas o instituciones, cobijadas por una extensa regulación que las legitima y delimita lo que pueden o no pueden hacer, no escapan a cuestionamientos en el momento en que los avances tecnológicos han hecho surgir alternativas más eficientes: no solo hacen lo mismo a un menor costo, sino que lo hacen mejor. Por ejemplo: en los bancos pagamos un margen de intermediación altísimo para acceder a un crédito; a los notarios que realizan traspasos de activos y presentan la escritura a destiempo o bien por el alto costo de sus honorarios, haciendo un documento “machotero”; a los procesos de elecciones por la falta de transparencia en los procesos electorales donde aparecen papeletas falsificadas; al sistema judicial por los altísimos costos de operación y sus pobres resultados —por el “debido proceso”, aunque ya exista evidencia objetiva de la falta—, sumado a una creciente disconformidad por la calidad de las resoluciones y sentencias que emiten a la hora de resolver diferencias entre individuos o empresas; o bien, a las aduanas de nuestros países que no han logrado evitar los atrasos en la entrega oportuna de paquetería o bien el contrabando y el tráfico de mercancías ilegales.

Desde hace unos años, la confianza que delegamos por ley y tradición a determinadas instituciones o personas ha ido variando por muchas razones. Por ejemplo, nos atrincheramos en condominios bajo nuestros propios reglamentos y seguridad en lugar de atenernos a la seguridad provista por las fuerzas policiales. Nos atendemos en hospitales privados para evitar los servicios que pagamos mensualmente a la seguridad social. Acudimos a centros de arbitraje con el objetivo de obtener una genuina “justicia pronta y cumplida”, en lugar de los tribunales ordinarios. Preferimos el transporte que promueven las plataformas privadas a las obsoletas concesiones públicas denominadas “taxis” o bien financiamos nuestros proyectos mediante crowdfunding para eludir la larga tramitación bancaria.

Estos comportamientos no deberían pasar inadvertidos pues demuestran varias cosas: la desconfianza de los ciudadanos en algunas de sus instituciones tradicionales, el carácter prescindible de algunas de ellas y la elevación de los costos de vida y de operación en nuestros países pues terminamos pagando dos veces con tal de obtener un servicio eficiente.









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