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El ídolo tico

Claudia Barrionuevo [email protected] | Lunes 13 octubre, 2008


El ídolo tico

Claudia Barrionuevo

Las cartas están echadas. Laura Chinchilla, Johnny Araya y Fernando Berrocal confirmaron sus aspiraciones presidenciales. Siempre alguien puede sacarse un as de la manga. Por ahora esos son los que están. ¿Candidatos populares? No sabemos. Pronto nos invadirán las encuestas —dudosas o no— que nos indiquen cuán conocido es cada uno de ellos y en qué medida tienen opiniones favorables o desfavorables.
De lo que no cabe ninguna duda es que, hoy por hoy, la costarricense más conocida y con más simpatizantes en nuestro país y —al parecer— fuera de él es María José Castillo.
Algunos podrán decir que jamás vieron el programa Latin American Idol. Nadie puede afirmar que no sabe quién es la joven cantante. Todos leen algún periódico, escuchan alguna emisora radial, ven algún canal de televisión nacional o en todo caso circulan por las calles y se encuentran de frente con las vallas, los buses o los eventos que han convertido a esta herediana en un icono costarricense.
Las empresas privadas aprovecharon la imagen de la jovencita para promocionar sus productos, el ICE facilitó tecnológicamente la posibilidad de votar desde los teléfonos celulares y hasta el Presidente donó ¢1 millón para que María José tuviera más posibilidades de ganar el reality show.
No cabe duda de que nuestra representante canta muy bien y es —físicamente— el prototipo de la tica linda. También es verdad que vivir encerrada en una casa con otros jóvenes, en una gran metrópolis, alejada de sus afectos y exponerse a un público masivo durante dos meses no es tarea fácil para nadie, menos para una menor de edad —lo era cuando empezó— proveniente de una ciudad pequeña de un país chiquitico. Mucho mérito tiene, pues, nuestra ídolo.
Si bien Latin American Idol ayuda a algunos jóvenes a iniciar una carrera como cantantes, ese no es el objetivo principal del programa. Hablamos de un negocio multimillonario que —gracias a su gran audiencia— logra movilizar no solo empresas patrocinadoras sino conseguir que miles de televidentes paguen —literalmente— por el candidato de su elección. Ya lo notarán todos los latinoamericanos que participaron cuando tengan en sus manos el próximo recibo telefónico.
María José se convirtió durante varios meses en la gran esperanza costarricense.
Tanto que muchos lloraron cuando —supuestamente por la votación— la herediana no obtuvo el primer lugar.
Si el país está en un desorden absoluto, si la gente empieza a dudar de la transparencia del gobierno, si las renuncias de los altos funcionarios públicos están a la orden del día por las más diversas razones, si las grandes economías del mundo están en jaque por la especulación de unos pocos, mientras los muchos ya empiezan a sufrir por la falta de alimentos, si —para colmo de todos los males— la Selección Nacional de fútbol no pega una, es más que lógico que necesitemos un héroe.
Necesitábamos un héroe, una ídolo. Y la tuvimos. Ojalá nos dure.

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