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Lunes 1 Diciembre, 2008

¡El Franco sigue!


Llegó el momento en que todos respirábamos pesimismo. La denuncia del convenio anunciaba el final de 40 años de cooperación entre Francia y Costa Rica. Y con esto, la inevitable desaparición del Liceo Franco Costarricense.
Pero, aunque la población franco hablante en este país no es muy grande y además se ve dividida como consecuencia del número de nacionalidades que hablan francés como lengua materna, no podemos olvidar que Mr. Sarkozy prometió en su campaña, educación gratuita para todos sus ciudadanos, dentro y fuera de Francia.
Así planteado y aferrados a este compromiso político, después de varios meses de “tira y afloje”, los padres y madres del Liceo Franco Costarricense hemos logrado unirnos en una meta común: preservar el colegio con la misma filosofía que ha mantenido hasta la fecha. Nos ha costado mucho y a algunos más que a otros, pero estamos trabajando.
En el proceso han despuntado líderes. Algunos positivos, otros no tanto. Pero entre aquellos interesados en el bien común y no en el protagonismo personal, destacan los que han logrado sacar el mejor rendimiento posible de sus grupos de trabajo, utilizando una fórmula que puede ser así de sencilla: potenciar las virtudes y disimular los defectos, reconocer las áreas de oportunidad y explotarlas, pero sin inventar o innovar cuando las condiciones no son las adecuadas.
En pocas palabras, ajustar aquello que se pueda rescatar del acuerdo original a la realidad socio económica de la población que integra El Franco. Y precisamente esto es lo que ha logrado el grupo conformado por la junta directiva de la Asociación Franco Costarricense de Enseñanza (AFCE), el Director (o Proviseur) del Liceo Franco Costarricense y un voluntarioso grupo de padres y madres.
La polémica ha girado en torno a la desaparición del convenio y sus implicaciones. Sin embargo, ya dentro de un marco de positivismo racional, este factor puede ser un detonante para alcanzar una mayor calidad en la educación. Una vez resuelto el problema financiero, los esfuerzos giran en torno a la homologación del colegio ante el Ministerio de Educación de Francia y por supuesto, ante el Ministerio de Educación de Costa Rica. Homologación que, vale la pena decirlo, ya existe y además, es factible mantener. El proyecto pedagógico augura una mayor calidad, tanto en el profesorado como en los programas.
Ahora solo queda plantear un sistema administrativo coherente y eficiente que nos permita gestionar el colegio generando los mecanismos que hagan posible establecer proyectos viables a mediano y largo plazo, de manera que dejemos de improvisar: determinar las necesidades, presupuestarlas y ejecutarlas invirtiendo, en la misma institución y por lo tanto, en la educación. Esta eficiencia puede ser alcanzada si logramos separar la gestión académica de la administrativa: y digo bien, separarlas, no divorciarlas. Esto nos permitiría una cierta autonomía en cada una de estas áreas, pero con un ente auditor que garantice la transparencia de la administración de los fondos.
El nuevo Embajador de Francia en Costa Rica nos trae aires de esperanza. Ya manifestó, ante el Ministro costarricense de Relaciones Exteriores, su interés por preservar la institución. Nos promete mantener profesores franceses de calidad y ayudarnos en la más importante de todas las tareas: la educación. Es en esta dirección que seguimos trabajando, sin ideologías ni proclamas, con la convicción de que todos han sido invitados a participar en una mesa de diálogo para lograr preservar un colegio que para muchos de nosotros, padres y madres de familia, representa la mejor opción.
¡El Franco sigue! Porque así lo hemos decidido todos los interesados en este particular colegio, que a lo largo de los años ha visto pasar por sus aulas a niños y niñas, jóvenes, de diversa procedencia social, económica, étnica, cultural…

Katia Ortega Borloz