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El fracaso en infraestructura


La Ministra de Obras Públicas y Transportes culpa al exceso de burocracia, la migración de personal calificado del Ministerio y dificultad para realizar expropiaciones por el fracaso de su gestión en materia de infraestructura, ya que solo el 27% de las obras que prometió construir el gobierno está en marcha.
La autopista San José-San Ramón, ya concesionada pero sin notorios avances, el aeropuerto Juan Santamaría con más de cuatro años y medio de atraso en su modernización, la frustrada idea de habilitar las Interlíneas de autobuses son parte de una lista de fracasos que la Ministra trata de justificar con otra lista de excusas.
No obstante, no caben los pretextos. Cuando una nueva administración asume el poder lo hace por voluntad propia, nadie la obliga a hacerlo, y con el deber de enfrentar su proyecto de gobierno con el adecuado conocimiento de la situación del país, es decir, con claridad sobre las herramientas con que contará para realizar su trabajo.
La actual Ministra de Obras Públicas y Transportes contaba incluso con el conocimiento que le dejó su trabajo en la administración anterior, ya que había desempeñado el cargo de viceministra de Transportes, además de otras experiencias profesionales.
No desconocía la Ministra el exceso de burocracia reinante en el país, y el hecho de que ningún gobierno ha tomado la iniciativa de convertir en eficiente y profesional al Estado; tampoco podía ignorar que desde hace muchos años los salarios que ganan muchos de los burócratas por más capacitados que estén no son competitivos y los llevan a desplazarse hacia la empresa privada en busca de una mejor situación económica. Es este el país que tenemos y si los costarricenses están conscientes de la situación no puede ignorarla quien asume un cargo de ministra.
Sabiendo que esa era la realidad, debió haberse diseñado un plan de trabajo que tuviera como primer paso cambiarla y así debió anunciárselo a la ciudadanía para que se supiera qué esperar y con qué estrategias se buscaría la solución a los problemas.
Nada de eso se llevó a cabo. Se actuó como si viviéramos en otra Costa Rica, diferente a la real y se esperaron resultados que era imposible obtener sin modificar en nada las condiciones.
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