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Viernes, 16 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


El flautista de Hamelín

Alvaro Madrigal [email protected] | Jueves 05 marzo, 2009


De cal y de arena
El flautista de Hamelín

Alvaro Madrigal

Antes de hundir el escalpelo en el aparato estatal para modernizarlo, Costa Rica necesita un flautista que, como el de Hamelín, nos libere de la plaga de ratas que ha invadido las estructuras del poder político y económico. Porque más que en la obsolescencia o en la irracionalidad de las leyes, el meollo del problema radica en la inepcia intelectual o moral de gran parte de las personas que toman las decisiones en las instituciones públicas y otros centros de poder paralelos, como los partidos políticos. Y esta depuración no se va a conseguir si no emerge desde las raíces de la sociedad la presión necesaria para practicarla y excluir a los que hacen de la gestión pública la cornucopia de los beneficios para su persona, sus familiares y sus valedores.
Pululan los funcionarios incompetentes que desafían las leyes y no rinden cuentas, que deforman la naturaleza y razón de ser de las instituciones cuya gestión temerariamente aceptaron, que se escudan en la tramitomanía para disfrazar su incapacidad y que son los responsables de esta extendida sensación de “ingobernabilidad”. Sin embargo, la indulgencia y la impunidad les amparan aunque las necesidades se acumulen insatisfechas como sucede con municipalidades y juntas de educación que apiñan recursos ociosos, con el contrato de gestión interesada del aeropuerto Juan Santamaría, con la operación portuaria de Moín y Limón, con la limpieza de las cunetas en las carreteras, con las consultorías en sede presidencial, con la expansión de la infraestructura de telecomunicaciones y electricidad, con la disposición de aguas negras, con la protección del medio ambiente...

El Estado y sus instituciones son desguazadas. Así se provocan la disfuncionalidad y el descrédito del ICE, de AyA, del Seguro Social, de JAPDEVA y del MOPT y se crea la ficción de las leyes estorbosas. ¿Acaso en la normativa propia de la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS) se le configura como policía política? Su prostitución (que figura detrás del arbitrario y fascistoide fichaje del periodista Gilberto López en una lista negra, posiblemente con mil nombres más de contestatarios políticos) no es mérito para disolverla, aunque sí para encausar a quienes lo hicieron. Algo muy grave ha de haber tras la disposición del “préstamo finlandés” al Seguro Social y la adjudicación de las licitaciones telefónicas a Alcatel, delitos que marcan la necesidad de depurar las instituciones y castigar a sus autores, no de cerrarlas.

En Hamelín hubo un flautista que cautivó las ratas y tras él marcharon hacia el río; ahí se ahogaron. Luego los vecinos —pasándose de vivos— le incumplieron lo prometido con las consecuencias descritas en el cuento.... Recordémoslas a la hora de concordar en que se impone la modernización del Estado. Pero, ¿para qué un Estado de moderna configuración si continúa infiltrado por los malandrines?