Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Sábado 22 Octubre, 2016

Una de las avenidas para generar más empleos es construir más de la infraestructura que tanta falta nos hace

El desempleo

Este año el crecimiento de la producción se ha recuperado y lo ha hecho con la participación de los sectores que dan empleo a mayor porcentaje de trabajadores con poca capacitación. Sin embargo, la Encuesta Continua de Empleo (ECE) del segundo semestre no muestra mayor recuperación del nivel de desempleo. Fue del 9,5% en 2015 y en 2016 fue de un 9,4%. Además, este año disminuyó significativamente el porcentaje de la población en edad de trabajar que desea hacerlo.

En efecto, la tasa de participación, es decir la proporción de quienes desean trabajar en relación a la población en edad para hacerlo, bajó estrepitosamente del 62,1% al 57,2% en el último año. Esto significó que a pesar de que el desempleo se mantuvo como porcentaje casi igual, el número de personas trabajando se redujo en 132.607, lo que representa una caída de un 6,4%. Eso es muchísimo, representa el 6,4% menos de personas que obtienen ingresos para sus hogares y contribuyen al esfuerzo productivo nacional.

El tema es realmente preocupante.

La ECE muestra que en el segundo semestre la cantidad de personas trabajando este año es menor a la que lo hizo en 2015, en 2014, en 2013 y en 2012

Como sabemos la producción nacional que determina el tamaño del pastel del que vamos a participar todos los costarricense para atender nuestras necesidades, depende por una parte de nuestra dotación de recursos naturales casi fija, del capital invertido acumulado y de los trabajadores que participan del esfuerzo productivo; y por otra parte de la productividad en el uso de esos factores productivos.

El bajo ahorro de los hogares y el des-ahorro del gobierno (se endeuda para pagar gasto corriente) hacen que el crecimiento de nuestro acervo de capital sea lento comparado con el requerido para que el crecimiento disminuya aceleradamente la pobreza.

Por otra parte, sabemos que el crecimiento de la productividad ha sido lento en este siglo, y que a pesar de que ese crecimiento disminuyó en Estados Unidos, crecemos menos que ellos y nuestra brecha aumenta.

¿Cómo vamos a añadir a esas dificultades una disminución en la fuerza laboral ocupada si queremos responder a los problemas de pobreza y a la frustración de los hogares de clase media con menos recursos con sus niveles de consumo?

El problema del bajo nivel de ocupación no es de este año.

Desde 2011 los datos del segundo semestre muestran una tasa de desempleo abierto que es o ronda un 10%. Este nivel de desempleo no es el usual en nuestro país. Para encontrarlo en nuestra historia debemos volver hasta los años de la gran crisis de la deuda externa, cuando en 1982 fue del 9,4%

No se trata de un defecto de la ECE por ser trimestral. La anual Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) señaló para 2012 un desempleo del 10,2%, en 2013 del 10,4%, en 2014 del 9,7 y en 2025 del 9,6%.

El desempleo es un problema serio para el bienestar de los hogares, para la producción y para el sentimiento de autoestima de las personas que lo sufren. Además, como sabemos, este es un problema especialmente grave para las familias pobres que sufren un nivel de desempleo prácticamente cuatro veces mayor al de las no pobres.

Ante la falta de empleo surge la necesidad de desarrollar actividad por cuenta propia, que en muchos casos para las personas de menos ingresos, es una estrategia de simple supervivencia en la pobreza.

Una de las avenidas para generar más empleos es construir más de la infraestructura que tanta falta nos hace. Para hacerlo es preciso redirigir el gasto público de salarios y transferencias corrientes, a los de inversión en esas obras, y cortar el nudo gordiano que impide su planificación y contratación.