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El desatino en el Juan Santamaría


El desatino con el cual se ha manejado el tema del aeropuerto Juan Santamaría, ha llegado a tal nivel que nos deja ante la mirada internacional prácticamente en el ridículo.
Las obras de modernización llevan cuatro años y medio de atraso; los trabajos quedaron completamente abandonados hace año y medio. Los incumplimientos en el desarrollo del proyecto han sido casi innumerables, y aun así el tema ha venido dando tumbos sin que ninguna de las últimas dos administraciones haya querido solucionarlo.
El último hecho —que raya en lo absurdo— es que mientras Karla González, ministra de Obras Públicas, viajaba por Estados Unidos y Europa presuntamente buscando dinero para la ampliación de la terminal aérea (gestión que corresponde a la empresa ya que el Estado solo debe avalarla), en la región se confirmaba que desde hace año y medio existe una línea de crédito aprobada por el BCIE por $35 millones, listos para ser utilizados en la obra.
Así, aunque el dinero para realizar las obras existe y las alternativas se han dado desde hace ya mucho, el Gobierno y el nuevo consorcio sudan con la búsqueda de recursos en otras latitudes, en una decisión prácticamente inexplicable.
El Banco está dispuesto a ampliar la línea crediticia y otorgar los recursos en el momento en que el consorcio aeroportuario así lo desee. Esta es una opción que vale la pena tomar en cuenta.
Los costarricenses merecemos que el conflicto aeroportuario encuentre una solución pronta. No es posible que se nos siga tomando el pelo y se le den más largas al asunto.
Alguien, no importa si es un consorcio privado o el Gobierno, debe retomar la construcción de la ampliación en el menor tiempo posible.
Costa Rica merece un aeropuerto de primer orden. Si los funcionarios a cargo y los operadores no cumplen también con soluciones rápidas y de primer orden, tal vez sería mejor que dejaran el camino libre a quien sí sea capaz de hacer caminar las cosas.
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