Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 31 Mayo, 2008

Elogios
El conocimiento y la cultura

Leopoldo Barrionuevo

Lo que se está jugando en el mundo es mucho más que los desarrollos económicos que observamos, se trata de la educación, el conocimiento, el saber hacer, la cultura, la tecnología y tiene precio, vaya si tiene precio, aunque nos parezca que no.

Es un buen tema que compete al Estado y al futuro. Los políticos apenas nos hablan sobre el tema pero la excusa es que no hay presupuesto o estamos enfrentados con Tratados que hoy van y tres meses después cambian, como la vida. Veamos: un egresado universitario nos cuesta entre $60.000 y $80.000 y no importa quién lo haya financiado, a la hora de la verdad, el costo de la estructura educacional del Estado dividido por los graduados lo demuestra, pues bien, una potencia mundial llega con un contrato, una visa de trabajo y se lleva a nuestra inversión en tiempo sin que le cueste un céntimo.

Ese es nuestro mayor déficit y seguimos aguardando que la persecución política nos vuelva a traer —como en los 70— la presencia de intelectuales de talento como la gente de teatro chilena y los Catania de entonces y nuevamente reverdezca el amor por el teatro en nuestro medio y nos brinde el placer de disfrutar de la cultura, con públicos a nivel nacional que reciben arte e influencia espiritual gratuitamente, a la manera de los privilegiados que poseen de ¢25.000 a ¢50.000 para disfrutar la presencia de figuras relevantes como Mercedes Sosa.

Los políticos se excusan bajo la premisa de no contar dinero suficiente para la cultura y no compartí ni comparto esa tesitura: con tantas transnacionales y con tanto rico ostentoso como nos entorna, bastaría crear una orden de la Cultura coronada por una medalla refulgente con rayos de sol que la rodeen y una cadena bañada en oro y adicionalmente un pequeño símbolo con escarapela con los colores de Costa Rica para lucir en la solapa, no para las grandes figuras del canto, la música, la danza, el teatro y el arte en general sino para premiar las suculentas donaciones de mecenas dispuestos a financiar proyectos culturales que permitieran ver, aprender, escuchar y gozar de espectáculos que enriquecieran en especial a jóvenes, gente humilde de provincia, pobres de dinero pero nunca de espíritu. Siempre sería mejor que procurar sumas cuantiosas para campañas presidenciales, sin que sepamos realmente el porqué y el para qué de tanta bondadosa y “desinteresada” contribución.

Si quiere buscar excusas indique que poca gente estaría dispuesta a asistir y le responderé que con rifas de productos de consumo y obsequio de muestras que empresas de productos populares estarían dispuestas a promover, incluyendo exhibiciones y publicidad en afiches o pantallas de plasma sería sencillo, pero demos algo a cambio del presupuesto inexistente brindando amplia difusión a los donantes y al público para demostrar la honestidad en el manejo del dinero.

Ya sé que usted dirá despectivamente que eso es Marketing ¿y qué? Si no se hace será omisión y eso es peor. Si duda, hay que pensar en lo que Peter Drucker denominaba Marketing de entidades sin ánimo de lucro y eso implica sacrificio y estrategias sin mentiras y un trabajo profesional ineludible de base.
Pero también se necesita conocimiento porque se requieren previamente planes, objetivos y estrategias.

En estos tiempos, la cultura, el conocimiento y los estudios se pagan y se espera que sean redituables y aunque algunos jóvenes también se embarquen en carreras para las cuales carecen de vocación, hay egresados de universidades que padecen horrores de ortografía e ignoran todo lo que no sea su oficio en nombre de la tecnología, muchos graduados de hoy carecen de un panorama cultural: se convierten en mecánicos de su profesión.

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