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El colón debía devaluarse

No importa desde donde miremos, no existen fundamentos para pensar en apreciaciones sostenidas del colón. Está claro que el mercado cambiario se llenó de incertidumbre con el establecimiento del régimen de bandas, lo cual causó que algunos agentes económicos —poco o mal informados— salieran a comprar o vender dólares según fuera el caso. Pero lo cierto es que los fundamentos de nuestra economía no han sufrido cambios relevantes que guíen al colón hacia una nueva situación de fortaleza frente al dólar.
Lamentablemente la posición del Banco Central en este escenario no ha sido la mejor. Aunque se entiende que tuvo que enfrentar una situación internacional adversa —con la que no contaba al inicio del proceso— la realidad es que la transición hacia el modelo de metas de inflación ha resultado hasta ahora muy costosa. Más aún, debido a deficientes canales de información, el Banco ha perdido credibilidad en momentos en los que tenía que ganarla y eso ha dificultado la tarea.
En medio de este ambiente de incertidumbre es fácil creer que el tipo de cambio actual es muy alto. Sin embargo, la realidad es que si hace dos años nos hubieran preguntado por el tipo de cambio de hoy, probablemente nadie hubiera respondido con un valor menor al cotizado actualmente.
Si se hubiera mantenido el ritmo de devaluación del colón presentado desde 2000 hasta setiembre de 2006, el tipo de cambio de hoy sería de unos ¢570 por dólar, un 2,44% más elevado. En ese entonces no parecía tan alto.
Utilizando la teoría de paridad del poder de compra, que a grandes rasgos expone que las diferencias entre las tasas de inflación de dos países se deben compensar por medio de movimientos en el tipo de cambio, el resultado no sería muy diferente. Asumiendo el diferencial histórico de inflación entre Estados Unidos y Costa Rica (alrededor de ocho puntos porcentuales), desde octubre de 2006 el tipo de cambio proyectado rondaría los ¢565,50 por dólar, al miércoles 23 de julio. Nuevamente, este valor es mayor al observado hoy.
Si se hubiera logrado disminuir la brecha inflacionaria entonces la tasa de devaluación del colón sería menor, pero lo que viene al caso es que este diferencial aumentó en vez de caer. A pesar de los desequilibrios pasajeros registrados en los meses anteriores, el colón no tenía otro camino que seguir más que el de la devaluación.

Randall Castro Bonilla
Economista, Grupo CFS
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