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El camino al Mundial

El sueño de jugar en la fase final de un Mundial de Fútbol está reservado para quienes comprendan que este empieza desde el primer partido eliminatorio, para quienes exhiban hoy el nivel de compromiso y trabajo exigido a los que aspiren a estar en la cita de los mejores. Llegarán a ella quienes comprendan que el camino es igual o más importante que la meta.
El uso del tiempo presente, del aquí y del ahora, es lo que marca la calidad del futuro, del allá y del entonces. Lo que une ambos tiempos es la pasión con la que un equipo se dedique a labrar su sueño, pues de ella se derivan la disciplina, las arduas jornadas y la prohibición de la palabra cansancio. Existe pasión cuando se goza lo que se hace, cuando se está dispuesto a crecer, crear y trascender, y se comprende que lo que se puede controlar es la inversión de la energía del día de hoy, pues la de ayer quedó atrás y la de mañana no ha llegado, pero será influida por las acciones presentes.
Si se desea ser “mundialista” hay que actuar ya como tal. Si las acciones siguen al pensamiento, y si este es positivo, entonces creeremos en la capacidad propia para construir, poco a poco, el sueño que justifica el esfuerzo diario. Hace 50 años Earl Nightingale dijo: “Si el individuo no piensa en algo, nunca llegará a ser alguien”. Y agregó: “La mente es el último continente inexplorado de la tierra, contiene una riqueza más allá de lo imaginable, producirá cualquier cosa que plantemos en ella”.
Cuando la mente es bien cultivada, sus frutos, las acciones, mejoran en calidad. Ejercitarla es tan importante como depurar las habilidades técnicas y físicas. Por esta razón, los líderes visionarios son enfáticos al estimular el pensamiento creativo, el reto mental, y el crecimiento intelectual, cultural, emocional y espiritual de los miembros de la organización; ellos saben que con mejores personas se logran mayores resultados. Rodrigo Kenton, por ejemplo, ha promovido que los jugadores de la Selección Nacional crezcan como personas mediante la vivencia de los valores definidos por ellos mismos (ganadores, respeto, unión, constancia y pasión), el desarrollo del intelecto a través de la lectura, el uso de tecnología, y múltiples dinámicas de grupo que fortalecen el aprendizaje, la identidad y el espíritu competitivo.
Las metas son proporcionales al tamaño de la mente. Quienes piensan en grande y actúan consecuentemente, sienten que el día no les alcanza, que cada entrenamiento es el último antes de la gran prueba y hacen sudar su cuerpo al máximo nivel, mientras su conciencia goza la paz que solo alcanzan los que hacen lo que disfrutan.
El Mundial ya empezó, es un camino, no solo un destino. ¿Cuál es tu “mundial”?

German Retana
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