Luis Alejandro Álvarez

Luis Alejandro Álvarez

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Miércoles 8 Noviembre, 2017

El cambio del Presidente

El pasado 28 de agosto, en un desafortunado episodio que pasará a la historia como un evento oscuro y de mal recuerdo, el Presidente de la República, acompañado por varios miembros de su gabinete y su jefe de inteligencia, todos vestidos de blanco, buscó convencer a la ciudadanía de que el nubarrón del “cementazo” era no más que una maquinación contra su inmaculada administración por parte de “intereses comerciales, mediáticos, políticos…”

Claro fue en indicar, con un tono pocas veces escuchado a quienes han ejercido el cargo de primer funcionario de la República, casi amenazante y que quedó grabado para la historia, que a los supuestos personajes detrás de esos sombríos intereses, “los tengo absolutamente ubicados… sé quiénes son, sé por qué lo están haciendo…”
Ha corrido mucha agua bajo el puente.

Dos meses y unos cuantos días han bastado para que el escándalo del cemento chino diera giros inesperados.



Por más esfuerzos de disminuir el impacto a tan prinstina administración, la realidad reventó en revelaciones que hoy siguen acaparando titulares.

Lo que percibíamos quienes estamos fuera de Zapote, se impuso, y llegó a permear otros poderes de la República.

Un ex Celso Magistrado cuestionado por acompañar al sujeto alrededor de quien gravita todo este escándalo a estrados judiciales, a comprar ropa de bebé, o a resolver affaires personales en la moderna ciudad de los rascacielos del istmo, Panamá, y un Fiscal General que osó decir que si escuchaba la palabra “cementazo” no sabía “de qué diablos” le estaban hablando, incluido un desestimiendo que parece injustificado, hoy han hundido al Poder Judicial en un crisis como nunca en su historia se ha vivido.

La Comisión Legislativa, ante la cual compareció el presidente Solís, y una de sus manos derechas, la cabeza de la DIS, entre otros, ha ido caminando lento pero a paso firme.

Ahí han surgido revelaciones sobre las gestiones de aquel diputado a quien en campaña, con tono fuerte – —pero no tanto como en agosto pasado— se le pidió la renuncia, y que luego de haberse apagado los fuegos electorales de 2014, siguió siendo amigo y de confianza del Presidente, junto a abanderado del liberalismo, incluyen al Poder Legislativo en este entramado de conexiones que hoy se investiga. Ese amigo fiel que a su vez ha declarado en el Plenario del Congreso que “Siempre actué dentro de mis funciones en estrecha comunicación y coordinación, y jamás sin su acuerdo y anuencia”, y puso al Presidente en el ojo del huracán.

Luego del remezón por la suspensión del Magistrado, su Letrado, el Fiscal General y reasignación de algunos Fiscales Auxiliares, finalmente el Ministerio Público dio un paso adelante y actuó con indagatorias y hay prisiones preventivas dictadas por parte de las Autoridades Judiciales a todo el ámbito gerencial del Banco de Costa Rica.

El primer funcionario Solís ha interrumpido su convalecencia para hacernos saber que al igual que toda Costa Rica está indignado, en un momento en que su credibilidad está muy comprometida.

Un sorprendente cambio de postura. Ya no nos habla de un complot en su contra, ya no hay espurios intereses.
Su inercia en el Ejecutivo, donde las actuaciones de algunos de sus subalternos también se han cuestionado, nos deja un mal sabor de boca.

No parece haberse percatado de que mantenerles en sus puestos, afecta una credibilidad e imagen que está siendo golpeada, y no por bajos intereses, sino por lo que ha salido a la luz y que no dejan de sorprender a Costa Rica entera.

Ojalá que el Presidente, en la paz de su hogar, pueda discernir.

El Presidente, como cualquier otro ciudadano, es y será inocente de cualquier cargo hasta que Autoridad competente diga lo contrario, pero al regresar a la antigua Casa de Cristal, debe dar una señal contundente y destituir a aquellos funcionarios que han sido parte de este engranaje.