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El cambio de actitud que nos hará progresar


Ese sentimiento prevaleciente en Costa Rica de que el país y su población son superiores en muchos sentidos a sus vecinos del istmo, pareciera estar dejando un saldo negativo y llevando a nuestra nación a un lamentable rezago en muchos aspectos.
“Panamá saca pecho y toma la delantera” se titula un reportaje de LA REPUBLICA de ayer y pone en evidencia lo que muchos perciben cada vez que viajan a ese país por cuestiones de negocios y palpan de inmediato la diferencia en la forma en que tramitan las cosas los vecinos del Sur, realmente interesados y comprometidos con desarrollarse.
Tanto para trabajar obras de concesión como para aquellas desarrolladas por el propio gobierno la diferencia la hace la agilidad del Estado. La actitud de sus funcionarios denota la de un pueblo que marcha unido por un deseo común de progresar. Las páginas web de esas instituciones detallan con transparencia gastos y planillas proporcionando a los ciudadanos seguridad sobre el destino de sus impuestos.
Costa Rica tiene características diferentes a las de Panamá y por ello estamos claros en que nuestro modelo de desarrollo debe ser acorde con ellas. Pero mantener un espíritu de superioridad no significa progresar, para ello es necesario actuar, trabajar con energía y agilidad.
Debemos cambiar la actitud de sentirnos superiores por la de ser eficientes. Panamá está demostrando con hechos su capacidad de modernizarse situándose por encima de Costa Rica en lo que a infraestructura se refiere. Hasta en el deporte preferido de los ticos, el fútbol, la selección panameña triunfó sobre la nuestra en la Copa UNCAF y el pulso por ganar en el concurso Latin American Idol fue convertido por los vecinos del Sur en una pugna económica en la cual también nos ganaron porque el gobierno junto al resto de panameños se volcaron a lograr ese objetivo.
No se trata de que cambiemos los más valiosos rasgos de nuestra idiosincrasia, por el contrario, conservándolos debemos abandonar las actitudes que no nos permiten pasar del dicho al hecho para profesionalizar nuestro Estado y tornarlo altamente eficiente.
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