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COLUMNISTAS


El Banco Central no quiere la reactivación

Juan Manuel Villasuso [email protected] | Martes 28 abril, 2009



Dialéctica
El Banco Central no quiere la reactivación

Llevamos varias semanas de debate sobre las políticas del Banco Central. Desde diferentes vertientes y sectores económicos se ha expresado la necesidad de que la institución modifique su monotemática lucha contra la inflación y ponga en práctica medidas que ayuden a reactivar la producción nacional.
Pero después de todo este tiempo resulta evidente que las autoridades del Central siguen atrapadas en sus esquemas mentales de restricción a la liquidez y aferradas al principio de independencia para no dar su brazo a torcer.
Parece que no se dan cuenta de que los precios se están reduciendo de manera acelerada por la caída de la demanda. En el primer trimestre la inflación no llegó siquiera al 1%, y es casi seguro que este año será la mas baja de las últimas décadas, alrededor del 6% o el 7%. Lo mismo ocurre con el déficit comercial, cuyo monto será la mitad del contabilizado el año pasado debido a la drástica merma en las importaciones.
Este comportamiento deflacionario, consecuencia del menor dinamismo económico, debe tener muy contentos a los jerarcas del Banco, que al final del año anunciarán, orondos y satisfechos, que la inflación disminuyó y el tipo de cambio aumentó poco por la menor brecha en el comercio internacional.
En verdad eso es lo único que les importa, aunque sus decisiones profundicen la recesión, desalienten la producción, paralicen la inversión y eleven el desempleo y la pobreza.
Para decir las cosas sin rodeos: el Banco Central de Costa Rica no quiere ni la reactivación de la producción nacional, ni el crecimiento de la economía; y está feliz porque logrará en 2009, a causa de la profundización de la crisis, resultados que en años anteriores había sido incapaz de alcanzar.
Los jerarcas de la institución siguen sin entender que estamos en una etapa del ciclo económico en que es imperativo apoyar al sector real de la economía con menores tasas de interés y reglas monetarias que permitan estimular la producción, la inversión y el empleo.
La economía se está contrayendo. La tasa de variación de la producción será negativa. Según la CEPAL, Costa Rica es la tercera economía latinoamericana más afectada por la crisis global, después de México y Brasil. El desempleo se elevará, igual que la pobreza, la inversión privada está detenida y muchas empresas y familias no pueden atender sus deudas.
En estas circunstancias, ¿se justifica la terquedad de los jerarcas del Banco Central insistiendo en una política monetaria rígida, sin importar las negativas consecuencias que eso tiene para el aparato productivo nacional y para los empresarios, los trabajadores y los hogares costarricenses?
No es válido esgrimir argumentos técnicos que excluyen la etapa del ciclo económico en que nos encontramos. Tampoco se justifica firmar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, que impone medidas restrictivas, para luego usar el convenio como excusa para mantener las actuales políticas. Eso es hacer trampa.
Es difícil concebir que un actor económico tan importante como el Banco Central, cuyas cifras constatan la recesión, siga renuente a tomar medidas que ayuden a reanimar a los sectores productivos.
Eso solo puede entenderse recordando que los jerarcas de la institución no tienen que rendir cuentas a los ciudadanos ni tienen que asumir responsabilidades por el daño que causan. Es decir, que están autorizados para suplantar la dimensión ética del desarrollo por “criterios técnicos”, aunque estos sean cuestionables.

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