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Lunes, 1 de junio de 2020



FORO DE LECTORES


El ansiado retorno a la “normalidad”

Wilberth Quesada [email protected] | Martes 12 mayo, 2020

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Muchas voces, calificadas o no, manifiestan que la Humanidad no volverá a ser la misma después de esta pandemia; que la normalidad, tal y como la entendemos y vivíamos antes de ello, simplemente, es imposible o muy difícil que sea igual; que las relaciones interpersonales e internacionales se modificarán, al punto que, en cuanto a estas últimas, hasta se augura un recrudecimiento de sentimientos xenófobos y aislacionistas en general, con economías y bloques cerrados, así como ascensión de nuevos actores y el desplazamiento de otros en la escena geopolítica.

En suma, un Mundo desconfiado y temeroso del vecino, sean personas o países, por el miedo al contagio y, en particular, a la forma en que se lo enfrenta, que, a su vez, se magnifica por expresiones como que una vacuna segura y efectiva no está a la vuelta de la esquina, o que debemos acostumbrarnos a coronavirus como el actual.

Evidentemente, esos panoramas apocalípticos deben sopesarse a la luz de la realidad precedente: el ser humano actual es un ente absolutamente intercomunicado e interrelacionado con sus pares a toda escala, merced a los avances científicos y tecnológicos que hacen posible lo que hasta hace muy poco era ciencia ficción, y que afecta, de manera exacerbada, desconsiderada y consumista, todo lo que hay en la Tierra.

Entonces, ese temor, que amenaza su propia supervivencia, se opondrá a la obstinación humana por continuar transformando tanto a su entorno, como a sí mismo. Al final, como siempre ocurre, vencerá sin duda la segunda, sin importar su precio.

Si bien ya se ha visto cómo los gobiernos y el sector privado, están aplicando, o anunciando, una serie de medidas para enfrentar y modelar esa nueva realidad, ello no buscan cambiar el estado de las cosas; mas bien, propende a defenderlo y a asegurarse que, pasada esta tormenta, continúe.

Es decir, no se observan cambios estructurales en la sociedad y sus diversas manifestaciones o en su relación con el Medio Natural.

Sea cual sea la realidad que gobierne el nuevo estado de cosas, para mí ese retorno DEBE implicar cambios inmediatos y perdurables en el statu quo, y no por tanto como simple moda a lo que se espera. Así, creo que los reportes mundiales relativos a la irrupción de animales de todo tipo en el escenario urbano planetario, incluidos algunos que se pensaban extintos, lo mismo que las muestras de descontaminación en ciudades que antes del flagelo ocultaban el cielo y hasta las mismas obras monumentales de la Humanidad, pasando por aquellos que han mostrado cómo las mismas urbes o sitios turísticos más representativos del planeta hasta “descansan” de su propio creador, debe llevarnos a adoptar, y ejecutar adecuada y oportunamente, decisiones efectivas en los planos nacionales e internacionales, que superen la hipocresía del discurso ambiental global de las naciones y las acciones que, bajo esa doble moral, han adoptado para “luchar” contra el Cambio Climático.

Entre esas acciones, se comprenden aquellas propias en el turismo como una actividad global que se ha desarrollado de manera tan impresionante, como, muchas veces, hasta perturbadora para los ecosistemas naturales y humanos. Ello ha traído consigo la sobreexplotación de esos lugares, al punto que se ha modificado la vida misma de sus moradores humanos, animales y vegetales.

Pues bien, en esa línea, considero que los países, individual y colectivamente, deben limitar esa sobreexplotación para propiciar la regeneración de esos ambientes o, por lo menos, su no desaparición, con políticas relativas a número máximo de días de visitación, lo mismo que cantidad de personas por día.

Asimismo, soy del criterio que la nueva realidad debe superar el socialismo recalcitrante y el capitalismo salvaje. El primero porque niega la libertad y la aplasta, a la vez que oculta información en todo ámbito, incluido el sanitario y la libertad de prensa, y, el segundo porque es expresión pura del egoísmo; del individualismo hedonista y consumista. La razón es obvia: ninguno de los dos se ha mostrado especialmente efectivo para combatir un flagelo como el presente.

Buscar el justo medio es imperativo hoy más que nunca. En especial respecto del segundo, creo que debe enfrentarse la lógica de la utilidad empresarial desmedida como fin en sí misma y la especulación como brazo que la alienta, y que hace, por ejemplo, que unos cuantos metros cuadrados valgan o se alquilen en sumas que excluyen a la mayoría de la sociedad global, o que se cobren altísimas sumas por intereses por cualquier cantidad de dinero que prácticamente esclaviza al deudor: la usura legalizada que hasta tiene el desparpajo de criticar los bajos niveles de ahorro en sistemas que, como el nuestro, implican magras tasas de interés activas frente al robo de las pasivas.

En la misma línea, deben promoverse, y hasta exigirse en los ámbitos en que pueda serlo, el teletrabajo, las conferencias y actividades virtuales, como medios que no sólo propicien disminuir riesgos de contagio y luchar contra la contaminación ambiental y las enfermedades laborales que supone el estrés por desplazamiento hacia los centros de trabajo, sino también por las evidentes economías que ello conlleva a los patronos públicos y privados, y porque es claro que la tecnología ha permitido demostrar por sí misma, que no es necesario tener tanta gente en los centros de trabajo.

En resumen, si el retorno a la “normalidad”, se da si cambios como los que he ejemplificado, nada se habrá aprendido.

Wilbert Quesada

Abogado













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