EE.UU. y la otra guerra
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Latinoamérica, una región que vive su propia guerra, contra el narcotráfico, contra las bandas internacionales, contra la inseguridad transfronteriza, y en la cual, aunque Estados Unidos ha ofrecido apoyo, este ha sido aún muy tímido

EE.UU. y la otra guerra

El reciente anuncio del presidente estadounidense Barack Obama, de reducir sus gastos militares tras el fin de las guerras en Oriente Medio y reorientar sus políticas ahora con prioritarias estrategias hacia el Pacífico, deja un sinsabor para sus vecinos más cercanos, debido a las pocas o casi nulas menciones en su política exterior relacionadas con Latinoamérica.
Obama hace lo lógico. Terminadas las guerras en Irak y Afganistán ya no es tan necesario mantener presupuestos que han llegado a ser mayores que la suma de lo que gastan las siguientes diez naciones con mayor poder militar, y por ello ha anunciado recortes en programas dentro del ejército y el Pentágono.

Para un país en crisis, con problemas fiscales aún no solucionados, la medida parece adecuada.
Sin embargo, el anuncio ha venido acompañado de una clara reorientación de su estrategia global para enfocarse en enfrentar lo que ahora parece ser la nueva guerra estadounidense, esta vez en el ámbito económico.
El rápido crecimiento de los tigres asiáticos, sobre todo de China, es visto como una amenaza por los estadounidenses. Significa un dólar menos fuerte y estable, frenos a su maquinaria económica y productiva y, por supuesto, un doloroso golpe al ego de superpotencia.
Pero es una batalla que ha empezado a luchar perdiendo o descuidando aliados.
En el camino se ha olvidado en gran medida de Latinoamérica, región donde desde hace mucho se dieron cuenta de la nueva ola y han comenzado a mirar a China como un socio comercial cada vez más importante. Costa Rica misma podría dar testimonio de lo hecho en los últimos dos años.
Esta es una región que vive su propia guerra, contra el narcotráfico, contra las bandas internacionales, contra la inseguridad transfronteriza, y en la cual, aunque Estados Unidos ha ofrecido apoyo, este ha sido aún muy tímido, en comparación con lo demostrado en otras latitudes.
La pregunta entonces es: ¿será que es necesario un conflicto armado de gran magnitud para mirar por el hombro hacia el sur de su frontera? ¿Será necesaria una nueva desestabilización política, patrocinada tal vez por la influencia del narco en círculos de poder, para entonces sí tomar más en cuenta a la región en sus políticas internacionales?


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