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EE.UU. abandona escudo de Bush
Marcha atrás en construcción de sistema antimisiles acerca Washington a Moscú y le aleja de Europa del Este

Washington
EFE

El abandono del proyecto del escudo antimisiles ideado por la Administración de George W. Bush puede servir para mejorar las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, pero puede motivar un alejamiento entre Washington y Europa del Este.
Barack Obama, presidente estadounidense, anunció ayer que ese proyecto se verá sustituido por un sistema con “un nuevo enfoque”, que en lugar de poner el énfasis en la interceptación de misiles de largo alcance buscará detectar misiles de corto y medio recorrido.
El plan original preveía el despliegue de un sistema de radares en la República Checa y una decena de interceptores en Polonia.
La iniciativa ha sido acogida con satisfacción por Rusia, cuyo presidente, Dmitri Medvédev, indicó que se trata de “una medida responsable”.
El proyecto representaba el principal escollo en las relaciones entre Washington y Moscú, pese a que ambos países acordaron “un nuevo comienzo” en sus lazos tras la llegada de Obama a la Casa Blanca el pasado enero.
La existencia del plan, concebido por el Gobierno del mandatario George W. Bush para hacer frente a las amenazas iraníes, pero que Moscú veía como un peligro hacia su territorio, había dificultado los progresos en las negociaciones entre los dos países para un nuevo tratado de reducción nuclear o en la cooperación contra el programa nuclear iraní.
La Casa Blanca ha negado que la decisión anunciada ayer sea una concesión a Moscú.
En su rueda de prensa diaria, el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, indicó que “no se trata de Rusia”.
“Se trata de proteger nuestra patria, las tropas que hemos desplegado en el exterior para proteger nuestra libertad. Se trata de garantizar la seguridad de nuestros aliados”, afirmó.
En un sentido similar se manifestó el secretario de Defensa, Robert Gates, quien, no obstante, admitió que la medida eliminará algunas de las preocupaciones rusas sobre el escudo.
Obama y Medvédev tienen previsto verse la semana próxima, cuando el jefe de Estado ruso viajará a Estados Unidos para participar en la Asamblea General de la ONU y la cumbre del Grupo de los Veinte (G-20) en Pittsburgh.
Sin embargo, cualquier mejora en las relaciones entre Moscú y Washington puede producirse a costa de un enfriamiento de los lazos de Estados Unidos con Europa del Este, una región del mundo donde Obama no suscita un gran entusiasmo entre la población.
Según una reciente encuesta del centro de estudios German Marshall Fund, el 64 por ciento de los europeos del este aprueba la gestión de Obama, frente al 86 por ciento de los europeos occidentales.
Los países europeos orientales -la “nueva Europa” de la que hablaba el entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld- gozaron de una estrecha relación con Estados Unidos durante el mandato de Bush y muchos de ellos aportaron tropas a la guerra en Irak, mientras Washington apoyaba con entusiasmo la ampliación de la OTAN hacia el este.
La Administración Obama se ha mostrado menos entusiasta.
El presidente estadounidense notificó su decisión al primer ministro checo, Jan Fischer, tan sólo la pasada noche y se la comunicó al jefe de Gobierno polaco este jueves.
El Pentágono ha dejado abierta la presencia de interceptores SM-3 en la República Checa y Polonia a partir de 2015, que tendrían como misión atajar misiles de corto y medio alcance.
La analista del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS) en Washington Heather Conley se mostró crítica con la decisión: “temo que lo que esto demuestre a los países que apoyan a Estados Unidos y que asumen muchos riesgos es que pueden quedarse en una posición incómoda”.
“La próxima vez que Estados Unidos pida algo a Polonia y a la República Checa van a pensárselo dos veces”, opinó.
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