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Lunes 16 Septiembre, 2013

EE.UU. da muestras de sensatez al aceptar el plan propuesto por Rusia en cuanto al control de armas químicas sirias por la comunidad internacional


EE.UU. – SIRIA: Interés de un ataque
(II parte)


Consecuencias. Mientras aún existen dudas sobre quién llevó a cabo la masacre química en contra de civiles, el informativo libanés Al-Akhbar, y medios árabes en general, acusan a agentes secretos israelíes y sauditas de haber “perpetrado el ataque químico, con el fin de culpar al régimen de Bashar al-Assad, orquestando la excusa perfecta para la entrada estadounidense en el conflicto”. Hasta ahora, no hay evidencias de que el ataque haya sido lanzado por el propio gobierno sirio. ¿Sería una conspiración en su contra? Todo es posible.
El ataque propuesto por EE.UU. causaría nefastas consecuencias internas y externas a nivel mundial. Tres de ellas serían:
1. El castigo a Siria serviría como desaliento para otras naciones en querer utilizar armas químicas o biológicas. Pero, políticamente, podría, en vez de provocar un colapso del régimen sirio, fortalecerlo. Las teorías políticas sobre el conflicto estipulan que la amenaza externa favorece la unión interna del grupo. Un ataque externo al gobierno de al-Assad fortalecería la cohesión del pueblo en su favor, convirtiéndose en mártir y, por tanto, en héroe; al resistir la “maldad” en su contra y contra su país, demostrando con su ejemplo la resistencia al “imperialismo occidental”.
2. Rusia, Irán y Hezbolá aumentarían su participación en el conflicto. La hostilidad acrecentaría en miles los muertos, los desplazados y los sufrimientos del pueblo sirio. Además, por encontrarse Al Nursa unida al Ejército de Liberación Sirio en la lucha contra al-Assad, la intervención fortalecería a Al Qaeda, desestabilizando países alrededor de Siria: el Líbano, Turquía, Irak, Jordania, y sin duda, Israel.
3. El presidente al-Assad dijo a la cadena estadounidense CBS ser inocente de las acusaciones, advirtió que un ataque en su contra sería vengado y no necesariamente por su gobierno. Estados Unidos hace mal si no da crédito a estas amenazas, cuyas víctimas serían el pueblo estadounidense y el de sus aliados.
Luego del inminente ataque occidental, EE.UU. da muestras de sensatez al aceptar el plan propuesto por Rusia en cuanto al control de armas químicas sirias por la comunidad internacional. Este no es la solución definitiva a la guerra civil, pero es un paso enorme a favor de un proceso de paz que, con voluntad política, sí es posible.
De lo contrario, EE.UU. atacaría Siria sin el acordado permiso del ente supranacional que menciona el Derecho de Ingerencia, ni tampoco lo haría por autodefensa, ya que no ha sido atacado por Damasco.
Esta actitud bélica estadounidense evidencia un divorcio entre su política exterior y el Derecho Internacional, lo que no puede producir otra cosa sino guerra.
Igual que en Irak, el golpe militar tendrá como mayor efecto la expansión del fracaso estadounidense en la resolución de conflictos de talla internacional, dejando patente su absoluta incapacidad política para intervenir disuasiva y pacíficamente en el complicado ajedrez del orden mundial.

Ricardo Sossa

Periodista y politólogo