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Sábado 1 Junio, 2013

La mayoría de adolescentes no deberían necesitar usar un condón, cuando ni su madurez emocional ni su cuerpo están plenamente preparados para el coito o sus posibles consecuencias


Educación sexual: Más que “sexo seguro”

¿Será conveniente enseñarle a un joven de 15 años cómo usar un arma? Enseñándole cómo manipularla, cómo descargarla sin dispararla, podría prevenirse un serio accidente, pero es una propuesta discutible.
Pocos recomendarían enseñárselo a niños de siete años, ni mucho menos hacer de ello una materia escolar. No es un tema religioso ni de puritanismo, es una cuestión de sentido común y responsabilidad: Un arma mata.
Sin embargo, un reportaje donde se hacía referencia a los esfuerzos del PANI y el MEP por lograr una mejor educación sexual, trataba de alarmarnos indicando que “La mayoría de adolescentes no sabe cómo colocar un condón”.
Un adolescente tiene entre 11 y 19 años, acorde a la definición de la OMS. La adolescencia temprana, de los 12 a los 14 años, es un periodo en el que en nuestro país el acto sexual se tipifica como delito, penado con cárcel, incluso cuando exista consentimiento.
Lo preocupante no es la ignorancia que puedan tener nuestros adolescentes de la ley o de la mecánica de los métodos anticonceptivos. Lo preocupante es que, con un enfoque equivocado, estemos favoreciendo un comportamiento sexual desordenado, cargando a nuestros adolescentes con una responsabilidad para la que aún no están preparados, ni emocional, ni físicamente.
Debemos buscar su bienestar y no simplemente mandarlos a experimentar y “prevenir” consecuencias.
Debiéramos enfocarnos, padres y maestros, en explicarles cómo mantener relaciones de amistad y noviazgo sanas. Enseñarles a entender el enamoramiento, la conveniencia de la fidelidad y la monogamia, a afrontar las desilusiones y rompimientos, explicarles cómo controlar los celos y reaccionar ante ellos, hablar sobre el coctel hormonal en que se transforma su cuerpo y el porqué de la conveniencia de esperar, al menos hasta que su mente sea capaz de comprender y manejar el fuerte vínculo emocional que se genera con el acto sexual, hasta que sean capaces de entender, en medio de la excitación, el serio riesgo de contraer una enfermedad de transmisión sexual, vivir con ella, o que sea su causa de muerte.
Enseñarles que el sexo en las condiciones adecuadas es placentero, pero también, cuando se es imprudente, mata. Y entonces sí, enseñarles cuáles herramientas existen para prevenir riesgos y cómo usarlas... cuando estén verdaderamente preparados.
De lo contrario, estamos haciendo las cosas mal. Aunque puede ser bueno que sepan cómo funciona, la gran mayoría de los adolescentes no deberían necesitar usar un condón, cuando ni su madurez emocional ni su cuerpo están plenamente preparados para el coito o sus posibles consecuencias.
Es nuestro deber hablar con ellos del acto sexual, pero no solo como fuente de placer, como un mecanismo para perpetuar la especie o una fórmula matemática fricción+fricción=orgasmo. Debemos prepararlos para entender el sexo como una parte placentera de la vida, un complemento a una sana relación, que favorezca el vínculo y el bienestar de la pareja.

Mariana Rosales Aymerich