Silvia Castro Montero

Silvia Castro Montero

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Lunes 25 Noviembre, 2013

El uso efectivo de aulas virtuales debería conformar parte del inventario de recursos y metodologías pedagógicas


Educación híbrida y aulas invertidas

El término “educación híbrida” describe el proceso que combina las clases presenciales con aquellas mediadas por computadora y dispositivos móviles en general, empleando aulas virtuales, en tiempo real y de forma asincrónica. También se refiere al proceso de aprendizaje autodirigido por el alumno, que emplea medios digitales en línea como apoyo a lecciones que recibe cara a cara.
Un curso híbrido puede combinar tres elementos: actividades de aprendizaje en línea y presenciales; estudiantes en línea y en persona; así como profesores en línea y en persona. En el primer modelo, los mismos estudiantes y profesores participan en todas las actividades presenciales y en línea. En el segundo, un grupo de estudiantes, en persona, interactúa con otros estudiantes, en línea, que participan en el mismo curso. En el tercer modelo, un curso presencial es impartido por varios profesores, incluyendo uno o más a distancia.
La enseñanza híbrida se ha convertido en una práctica común en instituciones educativas ejemplares, en educación secundaria y terciaria, principalmente por su capacidad de mejorar el aprendizaje del estudiante al cambiar la forma en que el profesor utiliza el tiempo de clase. Con el mejoramiento de las tecnologías digitales, ya es posible “invertir el aula”, de tal manera que el profesor dicte su lección por vídeo, y aproveche las horas de clase para facilitar la interacción, el análisis y las experiencias prácticas de sus alumnos en el desarrollo de valiosas competencias disciplinares y generales.
Este tipo de educación aumenta el acceso a la información en múltiples formatos, lo que permite que los estudiantes profundicen sobre los contenidos de una forma más efectiva.
Segundo, facilita los medios para que los alumnos se auto-regulen y dirijan su propio aprendizaje. Tercero, fomenta la interacción social; desde una perspectiva constructivista del aprendizaje, las personas asimilan e integran el conocimiento mucho mejor, a partir de la negociación social de los significados con sus compañeros y profesores.
A través de la integración de ambientes mediatizados por computadora y dispositivos móviles, con la interacción cara a cara, los estudiantes pueden destinar más tiempo a reflexionar, recopilar información, intercambiar ideas, trabajar en equipo, analizar datos, crear nuevos productos y redactar propuestas. Más allá de esto, la comunicación en línea obliga a los estudiantes a desarrollar habilidades interpersonales, capacidades tecnológicas y analíticas, así como otras habilidades para el aprendizaje que les serán útiles durante toda su vida.
Desde la perspectiva del docente, el uso de aulas virtuales facilita la actualización de los cursos, debido a que los recursos en línea son fáciles de subir y no requieren habilidades sofisticadas para administrarlos. Cuentan con la posibilidad de integrar al proceso de enseñanza wikis, blogs, y múltiples otros ejercicios didácticos, y facilitar espacios para el trabajo grupal y la entrega de asignaciones. Como apoyo al docente, las aulas virtuales cuentan con herramientas para la detección del plagio, lo que facilita la revisión de trabajos escritos, así como aplicaciones que simplifican los procesos de calificación y comunicación entre los diversos participantes del curso.
Estudio tras estudio han demostrado que los estudiantes y profesores prefieren la educación híbrida sobre los cursos tradicionales. Sorprende entonces que tan pocas instituciones costarricenses la hayan incorporado.
Al igual que el acceso a laboratorios de cómputo, el uso efectivo de aulas virtuales debería conformar parte del inventario de recursos y metodologías pedagógicas disponibles en todos los colegios y universidades.

Silvia Castro