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Miércoles 17 Diciembre, 2014

La calidad de la oferta docente y los procesos de aprendizaje se han convertido en el reto de la universidad latinoamericana del futuro


Educación en América Latina y El Caribe

En los últimos 15 años, Latinoamérica ha experimentado un desarrollo económico y social que ha provocado que 70 millones de personas salgan de una situación de pobreza, incorporándose a una clase media emergente y pujante.
Uno de los factores que ha contribuido a ese éxito económico y social de la región ha sido el crecimiento y consolidación de los sistemas educativos, en especial el de la educación superior.


Durante ese periodo de tiempo el acceso a la universidad se expandió aceleradamente en Latinoamérica registrando un crecimiento del 40%, lo que permitió la expansión de la formación universitaria y el acceso de estratos sociales que nunca antes tuvieron oportunidad de recibir este tipo de formación.
Es indudable que el desarrollo de los países de la región está asentado en tres pilares básicos: el desarrollo económico, la lucha contra la pobreza y la desigualdad social y la modernización de la educación superior.
El Banco Mundial, en su estudio ‘Perspectivas de la Economía Global 2014’, estima que la previsión del 3,3% de crecimiento promedio de la región en los próximos años no será suficiente para cumplir con la meta de erradicar la pobreza extrema y reducir las desigualdades sociales en el 2030.
El sector de la educación superior es clave en la generación y transmisión de conocimiento a los profesionales del futuro. En este punto, la calidad de la oferta docente y los procesos de aprendizaje se han convertido en el reto de la universidad latinoamericana del futuro.
Para ello, las universidades necesitan transformar su modelo educativo y centrarlo en el estudiante, en su aprendizaje basado en un nuevo modelo académico adaptado a la nueva realidad.
Es decir, una integración de múltiples ambientes de aprendizaje y programas formativos presenciales y virtuales que puedan dar la más amplia gama de experiencias científicas, tecnológicas y humanísticas.
Se requiere potenciar nuevas competencias para los profesores de Latinoamérica con formación continua e instaurar programas formativos continuos conforme a sistemas de evaluación y acreditación para fortalecer la creciente calidad de los sistemas nacionales de educación superior y su reconocimiento por sus comunidades internas pero también internacionales.
Por otro lado, hay que destacar el papel revolucionario de la tecnología en el desarrollo de los planes formativos que combinan la educación presencial y virtual.
El acceso a la universidad se democratiza porque el uso de la tecnología permite tener un modelo que incorpora la educación virtual, centrado en la flexibilidad, la autonomía del aprendizaje y la participación entre estudiantes, docentes y los centros universitarios.
La educación superior va a cambiar en la próxima década, y las universidades que no cambien difícilmente van a poder ser sostenibles.
Por ello, la universidad del futuro será aquella que apueste claramente por el cambio, sitúe la calidad y al estudiante como prioridad en sus estrategias e incorpore las tecnologías de manera eficiente en los procesos de gestión, planes de estudio y desarrollo de la docencia e investigación.

Oscar Aguer

Rector de ILUMNO