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Ecuación riesgo contra rendimiento


El inversionista, generalmente, busca un rendimiento aceptable a futuro. Sin embargo, según la ambición de ganancias, esto obliga a invertir en operaciones que pueden generar mayores rentas, como también pérdidas.
Ese aumento de posibilidades de ganancia, también incrementa las de pérdida. Estos valores son variables según cuál sea la meta para la se está invirtiendo.
Los acontecimientos políticos, anuncios de empresas emisoras de acciones y cifras macroeconómicas varían la perspectiva de los instrumentos de inversión, en cuanto al nivel de retornos que este dará.
Recientemente, un caso de aumento en el riesgo se presentó en la industria automotriz, que según los últimos datos está al borde de la quiebra y requiere una inyección millonaria como estrategia de rescate.
Por ejemplo la incertidumbre sobre la recesión a escala global, la ejecución rápida del programa de salvamento a los bancos aprobado por el Congreso de los Estados Unidos en la administración Bush, o el actual programa por $800.000 millones del Presidente Obama, el efecto de la coordinación de las políticas de los países desarrolladas frente a la crisis en la economía real y otros tienen un impacto negativo en la cotización de los títulos.
Así, los rendimientos comparados contra la inflación casi siempre mostrarán cierta desviación con relación a los rendimientos proyectados al principio de período de la inversión, debido a factores como devaluación de la moneda, crecimiento productivo o incremento en los precios de la canasta básica durante el año. De hecho, algunos gestores de fondos incluyen la desviación en los informes que envían a sus inversionistas.
Normalmente, el riesgo en las inversiones está relacionado con el rendimiento de estas. En este tema, generalmente, se aplica la norma que estipula: “no hay nada gratis”. Si usted quiere mejores rendimientos tendrá que pagar el precio en términos de un mayor riesgo por su inversión.
La no existencia de esta regla en el mercado de activos financieros llevaría a una escala en los precios de los valores, con lo cual la inversión sería menos atractiva. Comprar a precios más altos hace que la rentabilidad sea menor y ello resulta poco seductor cuando el riesgo se incrementa. En este aspecto existe un punto donde el precio y riesgo se equilibran para aceptar la rentabilidad como justa.
Por otra parte, si la rentabilidad fuera independiente del riesgo, prácticamente todo los tenedores de valores con un riesgo alto optarían por deshacerse de estos provocando una caída en los precios de los activos que se encuentran calificados dentro de esta categoría.
Esto mejoraría la rentabilidad esperada, viéndose reflejada en la cartera del inversionista. Como usted puede concluir, en los mercados de valores debe existir una relación entre riesgo y el beneficio, lógica que, por supuesto, también afecta a los gestores de fondos.
En nuestro país, las decisiones de riesgo se toman con la guía de un asesor de inversión. La Superintendencia General de Entidades Financieras obliga a toda Sociedad Administradora de Fondos de Inversión a realizar un examen de aversión al riesgo, en el que se le pregunta a la persona cuanto está dispuesto a perder en una inversión.
Por eso, ningún inversionista puede alegar ignorancia si realiza una operación de alto riesgo en el mercado y pierde, porque es su obligación informarse de las posibilidades que tiene de ganar y perder en el negocio bursátil.

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