Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

Enviar
Jueves 6 Agosto, 2009


De cal y de arena
Donde está el poder

• La demanda del presidente Arias para que se deje a los centroamericanos resolver los problemas de Centroamérica sin interferencias, pasará a la historia como un justificado grito regionalista... y punto. Vistos los hechos, los gobiernos del istmo no están en capacidad de aplicar el torniquete diplomático, político y económico. El que puede hacerlo es el Sistema Interamericano, siempre y cuando Estados Unidos y Europa no se rajen.
• El golpe de Estado que acabó con la presidencia de don Alfredo González Flores fue justificado por sus autores con el pretexto de que él quería reelegirse. En el fondo le cobraban la reforma fiscal que promovió, la reserva para el Estado del monopolio de la emisión monetaria y los controles sobre los intereses petroleros. No solo Manuel Zelaya osó tocar a los intocables.
• El “síndrome Chávez” está causando desastres en la interpretación de los hechos políticos. El gobernante venezolano es para algunos la encarnación misma de Belcebú y todo lo que diga o haga es repudiable y espernible, así esté señalando un hecho cierto o expresando una verdad. Es innegable que en Venezuela existe una gran concentración de medios de comunicación colectiva en pocas manos y que desde ahí se ha reprimido la verdad y socavado la democracia. Chávez no se equivoca al denunciarla pero sí al querer reemplazarla por un esquema que no hace sino transferir la posesión de los medios a manos amigas con la clara intención, más que de romper la concentración, de sofocar la crítica y arrinconar la oposición. Funesto error en un proceso que se nutre de suficientes razones para legitimarse y para demostrar que puede construirse una democracia participativa comprometida con la justicia social.
• El que Chávez denuncie que en Venezuela existe “un latifundio mediático” no debe ser venda en los ojos que impida ver el “latifundio mediático” que existe en Costa Rica. Aquí pocas manos controlan verticalmente cadenas de periódicos, radios y televisoras, para procurarse decisiones políticas sin tener que exponerse a las limitaciones y riesgos propios de todo partido político.
• Precisamente el golpe de Estado en Honduras ha desnudado con crudeza lo que significa un latifundio mediático. El control de las empresas periodísticas ha impuesto la información monocolor y uniforme, ha silenciado la disidencia y ha reducido a cenizas los principios deontológicos del periodismo.
• En Argentina la prensa independiente hace del dominio público que en cosa de pocos años, el patrimonio de los Kirchner se ha multiplicado exageradamente. ¿Será que hechos como éste no se dan en Costa Rica o que se mantienen en la penumbra y no salen del corrillo porque los beneficiarios del “latifundio mediático” temen desatar las iras del Olimpo y provocar la caída de rayos y centellas sobre sus negocios... y sus frecuencias?
• El “latifundio mediático” es siempre pernicioso. En manos del gobierno o en manos de empresarios, lleva en su misma naturaleza la represión de la verdad y la inducción del pensamiento de la sociedad.