Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 27 Mayo, 2010


De cal y de arena
Doña Laura, el reto es político y moral

La ola de indignación creada por el proyecto de ley para multiplicar las dietas de los diputados no la provocan solo las deficiencias jurídicas y técnicas que padece este favorecimiento personal. La provocan, mayormente, su incompatibilidad con la moral, el decoro, la elegancia, la prudencia… con la parsimonia invocada por el presidente Trejos Fernández para persuadir al país de la necesidad de la frugalidad en el estilo de vida en tiempos de estrechez.
Si solamente fueran dudas sobre la procedencia legal de esta regalía, no se habría producido esta masiva repulsa, grande y profunda, sin parangón en 60 años.
Si solo fuera un cuestionamiento jurídico el ciudadano lo habría tomado como una confrontación sobre los alcances de las leyes, con la inevitabilidad de que existan dos, tres o más puntos de vista.
No, aquí lo que ha habido es un descarado desafío, casi montado con alevosía y premeditación, a la tabla de valores de un pueblo que aunque paciente, callado y a veces aparentemente domesticado no ha perdido sus arrestos y conserva juicio y aptitudes críticas.
El ciudadano herido discierne entre lo que es autodecretarse un privilegio reñido con todo sentido de oportunidad, proporcionalidad y elegancia, y lo que sería una justa compensación a un trabajo de calidad, rendimiento y acorde al bien común.
Al ciudadano le hiere que en la proximidad de tiempos difíciles, los diputados no se dediquen a prevenir sus efectos sino a recetarse una gorronería. Esto ofende la dignidad de una Nación y le crea a la Presidenta un problema político de alto costo: si no escucha la voz del pueblo es porque carece de “autonomía de vuelo” para imponer su autoridad.
¿Cómo diablos un despropósito tan infamante consigue abrirse paso con abultado respaldo en un Parlamento del cual se cree que la mayoría de sus miembros es gente sensata y racional? No es esta una propuesta de “los hermenegildos”, “los malacos” o “los gerardos”, como se denominaron años atrás las minorías de legisladores polos y limitados, los primeros, y “choriceros” los otros, siempre reducidos a unos pocos y por ello de limitado efecto corrosivo en las instituciones.
No, lo que hoy se da en la Asamblea es un asalto en manada contra la moral y la ética carente, además, de viabilidad jurídica en la medida en que es legislar en beneficio propio. Desde luego, con un desfachatado cinismo como el del diputado/pastor que simulaba pobreza y al que la prensa acuciosa le destapó su flotilla de carros y su cornucopia de inmuebles. ¿Pero qué presagia esto? ¿El retorno al poder de los mercaderes que van de un despacho a otro buscando negocios y sin aportar nada bueno? ¿Será la reaparición de los comerciantes y políticos-mercaderes que conforman las redes del tráfico de influencias, extendidos sus tentáculos por todo el aparato estatal y aludidas por don Rafael A. Chinchilla, ex Contralor General de la República, en un artículo de prensa de junio de 2004? Doña Laura: contra la corrupción, la firmeza y la honestidad.

Alvaro Madrigal