Alejandra Esquivel

Alejandra Esquivel

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Jueves 19 Junio, 2014

De ningún lado saldrán dos “Albertos Cañas”, pero necesitamos más gente con su mismo fervor y la fiel convicción de que Costa Rica merece un mejor porvenir


Don Alberto Cañas

Del año 1920 a 2014 Costa Rica contó con una de las figuras trascendentales de la vida cultural, política y social de la segunda mitad del siglo XX: don Alberto Cañas.
Falleció a los 94 años tras pasar a la historia como político (fue el primer Ministro de Cultura, Juventud y Deportes (1970), viceministro de Relaciones Exteriores (1955-1956), embajador en las Naciones Unidas de 1948 a 1949, durante la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en el periodo 1956-1958; fue dos veces diputado (1962-1966 y 1994-1998); cofundador del Partido Acción Ciudadana (PAC)); funcionario público; escritor; historiador; periodista (director de los periódicos Diario de Costa Rica y La República (1950); editor de Excelsior y columnista en La República y el Semanario Universidad; abogado (compartidas o no compartidas por mí: destacaba como defensor de sus propias tesis); académico universitario (lo declararon emérito) e intelectual (pasará a la historia como un hombre tomador de decisiones. Entre sus múltiples reconocimiento recibió un Doctorado Honoris Causa de la Universidad Estatal a Distancia, galardones como el Premio Magón de Cultura en 1976, el Premio García Monge, muchos Premios Aquileo Echeverría).
Don Alberto Cañas, a pesar de ser escritor, fue un hombre de acciones más que de palabras. Los costarricenses tenemos el deber no solo de recordarlo por su participación en la revolución de 1948, sino por los aportes explícitos y también los intangibles que realizó al país a lo largo de su vida, dejando un legado de laboriosidad en pro del colectivo y los intereses culturales, sociales y políticos del país.
Muestra de ello cuando incluso pocos días antes de su muerte expresara que “…en estos momentos lo peor que se puede hacer es oposición sistemática” refiriéndose al actuar de otros partidos políticos respecto al actual Gobierno de Luis Guillermo Solís.
Un hombre respetable que no temía decir en cámaras que lo agobian los disparates de la gente. Un hombre que hacía poco de lo que ahora mucho hacemos la mayoría: ver programaciones de televisión sin sentido, novelas de las que se juzgaba capaz de escribir cuatro al tiempo, suscitar interrelaciones tontas que nada le aportaran… me encantó cuando en la entrevista con Édgar Silva dijo que lo peor de lidiar con gente idiota era el peligro de idiotizarse uno mismo… porque la idiotez se pega.
Para las nuevas generaciones importa mucho lo que está de moda, lo que es chiva, lo que es “cool”… aunque la adaptación a la evolución social es necesaria y hasta obligatoria, me preocupa que en muchas de estas actividades el componente intelectual sea el gran ausente.
Los “modus operandis” han cambiado mucho desde que don Alberto Cañas empezara a plasmar su estilo particular en la herencia de la nación; pero su legado no debe quedar solo en los libros de historia. Precisamos más movimientos que reclamen esfuerzo intelectual (como el “TEDxPuraVida”, por mencionar solo un ejemplo)… de ningún lado saldrán dos “Albertos Cañas”, pero necesitamos más gente con su mismo fervor y la fiel convicción de que Costa Rica merece un mejor porvenir.

Alejandra Esquivel G.
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