Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 7 Mayo, 2013

El frío no está en la cobijas, los sistemas cambiarios no son infalibles ni la pomada canaria para la macroeconomía de los países


Reflexiones

Dolarización no es la solución

Para algunos economistas de la escuela neoclásica, la solución a los desequilibrios macroeconómicos es simplemente una, reducir al mínimo el papel del Estado en la economía.
Este énfasis en reducir o cortar instrumentos del Estado los ha llevado a ponerle límites al déficit fiscal, desregular y liberalizar la economía entre otras políticas.


Basta con recordar la propuesta del 1% de déficit fiscal respecto al PIB hecha hace algunos años en el gobierno de Miguel Ángel Rodríguez, y ahora se trata de la dolarización, como medida para cortar y sanar la acción incómoda del Banco Central y de su política monetaria.
La dolarización como fenómeno real es parte de nuestra vida cotidiana, de hecho ya vivimos en una economía tri-monetaria, donde el dólar, el euro y el colón son monedas de circulación normal, existen relaciones comerciales en varias monedas y unidades de cuenta bancaria, que permiten diversificar riesgos y acumular riqueza en dichas denominaciones.
Es por eso que dicho proceso, en tanto sea normal y forme parte de la globalización económica, no debería detenerse ni temerse. El tema está en si es necesario actuar para favorecer una transformación radical a la moneda de dólar o si podemos continuar con el esquema actual tri-monetario que tenemos.
La verdad es que no es un momento propicio para dolarizar, lo primero es que en un país que requiere tanta inversión física y humana, contraer un crédito para trasladar la riqueza financiera ahora en colones a su denominación en dólares, no suena como un negocio atractivo para el país.
Tampoco es cierto que la inflación baje a cero con la dolarización, dado que el fenómeno de inflación por oferta se mantiene presente en el sistema económico, lo que claramente puede incidir en el poder adquisitivo de los trabajadores y en general, en el sistema de costos del país.
Un tercer problema de la dolarización es que se termina con un instrumento de acción monetaria ante situaciones de crisis eventuales del sistema financiero, muy cercano a lo vivido en 2007, donde la liquidez internacional fue claramente afectada y podría generarse una corrida bancaria y la bancarrota del sistema económico, tal el caso de España en nuestros días.
Ciertamente el frío no está en la cobijas, los sistemas cambiarios no son infalibles ni la pomada canaria para la macroeconomía de los países.
El actual régimen de bandas es un fracaso en muchos aspectos, pero dolarizar no pareciera ser la solución.
Es primero un debate serio y responsable sobre el tema fiscal, apuntalar los desequilibrios sociales y de empleo que tenemos encima y luego, con mayor estabilidad y en el marco de una reforma sustantiva al sistema financiero, será posible avanzar hacia flexibilidad cambiaria y mayor eficiencia de nuestro sistema monetario.


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