Enviar

En tanto las sillas tengan nombre y apellido, es difícil propiciar una mayor participación ciudadana como regidores, en cargos municipales, en instituciones públicas y como diputados

Divorcio entre electores y partidos políticos

Los partidos políticos no la están pasando bien, la falta de renovación es evidente y esto puede ser resultado de la apatía ciudadana de formar parte de las estructuras de estas organizaciones.
El expresidente Óscar Arias dejó entrever el interés en participar en la próxima contienda electoral, con miras a la Presidencia en 2018.
Aunque en sus afirmaciones no se compromete, el también expresidente José María Figueres flirtea con una eventual candidatura ahora que se reintegró a la estructura del partido Liberación Nacional.
Además de ellos, es de esperar que Otto Guevara tenga algún tipo de protagonismo en la próxima contienda electoral.
En este contexto, es posible diagnosticar que las estructuras responden a las personas, y los partidos por sí mismos no tienen la virtud de llevar a nuevos líderes a surgir en una estructura piramidal.
La excepción a la regla es el caso de Luis Guillermo Solís. Sin embargo, fue un proceso atípico en el que los votantes buscaron una opción de centro, y el histórico caudal de votos del Frente Amplio cedió un paso a la derecha en favor del PAC.
El que los partidos giren en torno a los apellidos es el causante de la apatía de los ciudadanos a ser parte de las soluciones y participar en los cargos de elección popular.
En tanto las sillas tengan nombre y apellido, es difícil propiciar una mayor participación ciudadana como regidores, en cargos municipales, en instituciones públicas y como diputados. Prueba de ello es la cantidad de legisladores que repiten administración tras administración en el Congreso.
La lectura de aquellos políticos que ya tuvieron su oportunidad y quieren regresar a la arena puede ser equívoca, aunque las intenciones puedan ser correctas.
Los partidos políticos ignoran que el nuevo elector no es tradicional, de hecho, siete de cada diez votaron por partidos distintos en la última década, según el estudio “Salida, voz y lealtad”, publicado por la UCR el año anterior.
El peso del voto tradicional representó tan solo el 40% del apoyo obtenido por Liberación Nacional en 2010, indica el mismo estudio.
Por tanto, no es descabellado que un candidato surja en un partido no tradicional, y dé una sorpresa. El problema es que no exista una estructura que le permita gobernar con la calidad que el país merece.
América del Sur nos aventaja en unos diez años de madurez electoral, ellos ya pasaron por este proceso. Los partidos no supieron leer las señales y las exigencias de la sociedad, el resto de la historia es conocida.
Es prudente que los responsables de las estructuras reflexionen respecto a si todo candidato del pasado es mejor y si la verdadera renovación empieza desde arriba.


Ver comentarios