Enviar
Miércoles 16 Septiembre, 2009

Dios… ¡estorba!

Ya aparecieron. Siempre han estado allí solamente que solapados y en las cavernas del doble discurso, apareciendo como estandartes vivientes de la “igualdad” y la “homogeneidad social”.
Ya asoman sus orejas los lobos que pretenden desconocer a Dios como la realidad suprema de todo lo existente. Y presionan a la clase política para que dejemos atrás este “anticuado sistema estatal” que tiene la osadía de andar mencionando las “añejeras” de Dios.
Dios no está de moda, Dios es inaceptable.
Los que “inocentemente” luchan por la igualdad entre quienes creen o no en Dios, desestiman oportuno aclararnos “dos cosillas” que muchos quienes adversamos este proyecto ateo quisiéramos saber de sus promotores: ¿están de acuerdo con el aborto en todos su extremos? ¿Comulgan con la praxis de la eutanasia?
Porque inician demandando que el Estado sea laico, que Dios no se mencione, y luego, con el portillo abierto, seguirán con la eliminación sistemática de vidas humanas, retiro de crucifijos y signos religiosos de escuelas, colegios y centros laborales, como suceden en los “estados modernos” y cualquiera otro derecho de manifestación religiosa.
Ya lo había sentenciado Juan XXIII: “Construyan un Estado sin Dios y estarán elaborando una sociedad contra el hombre”.
Como liberal, no estoy de acuerdo en que se den dineros estatales a las religiones. Tampoco avalo que en nombre de Dios se cometan barbaridades que vayan contra la misma esencia de la dignidad humana. Todo escándalo religioso que lesione la moral y buenas costumbres es inexcusable y debe ser sancionado por la justicia humana con todo su rigor.
De eso, a querer impulsar una ley que inicie el camino de la desaparición de Dios de una sociedad que ha construido sus bases en la santa creencia de ese ser supremo, hay una diferencia abismal.
Si quienes incitan desde sus orígenes esta ley atea ven que el concepto metafísico de Dios es una carga en sus conciencias para vivir como les de la gana, eso no es problema de la inmensa mayoría de costarricenses que de una u otra forma queremos creer. Ustedes, queridos patrocinadores del estado laico, son ultraminoría y tienen derecho a creer lo que quieran, pero sabiendo que no pueden ni deben imponer su ateo criterio a la mayoría de compatriotas.
Habemus Papam.

Erich Picado Argüello
Periodista
1 626 929