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Martes 1 Septiembre, 2009

Detestable y deplorable censura previa

Es lamentable que a estas alturas se proclame y se defienda la censura previa. Pero más incomprensible resulta la posición del director de la Oficina de Control de Propaganda del Ministerio de Gobernación, señor José Antonio Pastor que paradójicamente es periodista, pues esta semana manifestó en el periódico LA REPUBLICA: que es obligatorio presentar la publicidad a aprobación antes de ser expuesta. Está equivocado el comunicador, porque nadie en este país se somete voluntariamente a censura previa.
Pero no solo está equivocado el comunicador, sino que en forma irrespetuosa y desobediente ha desacatado una resolución del Tribunal de Casación de lo Contencioso Administrativo (conformada por los magistrados de la Sala Primera) según voto 2009000088 del 06/05/2009 que le prohíbe ejercer censura previa.
La libertad de expresión significa decir lo que a uno le da la gana (léase correctamente sin restricción alguna: lo que se le antoje a uno), eso sí, se deben asumir y encarar responsabilidades civiles y penales por lo dicho, es decir hay que saber que y cómo se dicen las cosas porque el abuso conlleva consecuencias de alto riesgo.
A nadie se debe impedir la manifestación de sus opiniones, por más “comerciales” que sean, menos aún con censura previa. La libertad de expresión no debe tener límite, me remito a la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
Los anunciantes deberían poder decir lo que quieran sobre sus productos libremente, pero eso no es así, pues además de lo que pretende el señor Director de la Oficina de Propaganda de revisar toda la publicidad, actualmente ya existen otras nefastas regulaciones y hasta “otras” censuras previas.
El Estado pretende controlar previamente todos los anuncios del país, con el fin de determinar si ofenden el “pudor”, la “dignidad” de la familia o si se emplea la imagen de la mujer en forma “impúdica”. Para colmo, todos estos términos son de interpretación subjetiva al antojo del funcionario de turno. ¿Por qué tiene que ser un burócrata el que defina qué es pudor o dignidad? Esto es resorte de los jueces, no de un periodista del Estado.
No puede permitirse este atropello, pero además es lamentable que existiendo una medida cautelar contra dicha Oficina por la que se le impide seguir aplicando censura previa, no esté siendo obedecida por su Director tal y como lo ha manifestado abiertamente.
Más aun, la legislación del consumidor obliga a todos anunciantes a comprobar fehacientemente todo lo que afirmen en su publicidad. Claro, una vez que se haya difundido el anuncio. Y si no cumplen serán sancionados por autoridades administrativas y judiciales amén de los daños y perjuicios. Pero si el Estado aprueba previamente un anuncio, entonces se convierte en responsable solidario del contenido de la publicidad. ¿Verdad que es absurdo?
No podríamos ver con buenos ojos que exista regulación sobre el contenido de los medios de comunicación. Soy yo quién decide que ver, que oír y que leer, pero no le corresponde al Estado decidirlo por mí, lo mismo debería suceder con la publicidad. Si a uno no le gusta un medio noticioso, o lo cierra o lo apaga. Pero el Estado quiere imponerle la publicidad que usted tiene derecho, porque no es que la aprueba o la imprueba, sino que le dice al anunciante lo que debe decir, atentando contra su derecho constitucional a estar informado y obviamente contra la Libertad de Expresión.
Y no es que duela que a los medios no les apliquen censura previa como a la publicidad, sino que causa envidia que ellos sí puedan ejercer libertad de expresión pura. Por más que nos disgusten ciertas noticias sangrientas, así como molesten ciertas portadas de mujeres casi desnudas, e igualmente nos fastidien ciertos programas y novelas con alto contenido sexual y violento, incluso que ciertos programas de radio nos infecten con vulgaridades y malas palabras; pues la verdad es que sólo yo decido si lo veo, lo leo o lo escucho. Punto. En cambio la publicidad que financia a esos medios y espacios, sí “debe” ser regulada, controlada y sometida a censura previa. Es no sólo injusto, sino mordaz.
Pero lo irónico de todo esto, es que la publicidad debe ser honesta, demostrable, no puede ser engañosa, debe cumplir con las regulaciones y hasta sometidas a censura previa, y con derecho nos preguntamos ¿y la propaganda? Concretamente la de los políticos. No hay una sola ley que exija censura previa a los políticos (que son los que imponen las regulaciones después de todo), pero tampoco hay sanciones por las falsas y demagogas promesas de los aspirantes a cargos públicos y que después no cumplen. A lo sumo hay algunas restricciones en época electoral en cuanto a espacio, pero no de forma. Menos aun se les puede imponer censura previa. ¿En qué se diferencia un anuncio publicitario de un aviso propagandístico? Tal vez conceptualmente son distintos, pero a nivel de libertad de expresión en nada, porque ambos son espacios pagados. Más aun, la propaganda es una forma más de hacer publicidad pagada.¿Entonces es justa la censura previa a la publicidad?
No puedo más que lamentar que las oficinas Gubernamentales de la República, estén ejerciendo censura previa. Es nefasto y deplorable.

Dennis Aguiluz Milla
Abogado especialista en temas publicitarios
[email protected]