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Martes, 11 de diciembre de 2018



EDITORIAL


Deterioro de la clase política

| Jueves 24 noviembre, 2011




El ejercicio político de calidad no puede ser sustituido por simples estrategias electoreras. Mientras lo primero no suceda, lo segundo seguirá deteriorando al país

Deterioro de la clase política

Justo en momentos de franco deterioro, cuando urge un buen proyecto país a mediano y largo plazo, Costa Rica pareciera adolece de un mal que podríamos llamar “electorerismo”. Una “enfermedad” que solo permite ver objetivos y metas que puedan ser buenas promesas en campaña política, destinadas a llevar votos a las urnas para tomar el poder.
Una vez logrado esto, sobran las excusas para explicar las causas por las cuales no se puede cumplir lo prometido. Comienza entonces un ejercicio en el que un poder de la República le echa las culpas al otro y en ese perverso juego de ping-pong se va desgastando el país y a la vez la credibilidad de los costarricenses en la clase política.
Mientras tanto, como dijo una nota de este medio ayer, crece el deterioro del país.
Sin embargo, ni la infraestructura, ni la inseguridad, ni las listas de espera en el sistema de salud se han comenzado a resolver, porque los contratos de concesión de obra pública se hacen mal o no se supervisan adecuadamente, nuestros cuerpos policiales no son suficientes ni están en capacidad de enfrentar con éxito al hampa y los asegurados no son atendidos oportunamente por mala gestión y falta de cobro a morosos estatales y privados.
En momentos de crisis económica mundial y grandes cambios, hay una especial necesidad de actividad política con mayúscula, capaz de convocar a diálogos nacionales sobre los más importantes temas, donde se pongan los intereses de los costarricenses por encima de los particulares y, desde luego, de los de carácter electoral.
Cuando la clase política tiene siempre la mira puesta en las próximas urnas que definirán el acceso al poder y, si acaso, en unos pocos temas de interés particular, eso se convierte en la principal intención que mueve su acción.
Pero así no es posible generar ideas, exponerlas, convocar a las mejores mentes en torno a ellas y lograr consensos para convertirlas en puntos claves de un proyecto país de miras más altruistas.
Para que esto vuelva a darse en Costa Rica es necesaria una sana actividad de los partidos políticos que sirva para el debate de ideas y la formación de nuevos actores y líderes, para el aprovechamiento de la experiencia así como de la capacidad innovadora. Algo que, por el momento, la gente no ve perfilarse. El ejercicio político de calidad, no puede ser sustituido por simples estrategias electoreras.