Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 12 Febrero, 2010


Después de la elección


El resultado de una elección refleja un acto sublime de confianza de la ciudadanía, lo que se transforma en un gran honor y un enorme desafío. La presidenta electa lo sintetizó así: “…esta confianza no me ha sido regalada, me ha sido prestada”. La elección ha quedado atrás, la presidenta personifica una clara voluntad ciudadana y el éxito de su gestión nos compromete a todos.
Doña Laura ha barrido con dos tradiciones. Hasta ahora los vicepresidentes de la República recibían una especie de “maldición”, pues nunca llegaban a ser electos como presidentes, aunque no pocos lo intentaron. La primera presidenta es otro cambio histórico. Qué lejanas están las palabras de aquel constituyente que, cuando se debatía en 1949 el derecho al voto para la mujer, justificaba su negativa indicando que lo hacía “…porque no deseo tanto daño para la mujer costarricense”.
El primer acto clave de la presidenta electa será la nominación del gabinete y las presidencias ejecutivas. Doña Laura ha dicho que sus colaboradores deben tener conocimiento del sector específico, manejo político y probidad. Agreguemos que es necesaria una alta capacidad de gestión, que les permita concentrarse en los asuntos relevantes y la capacidad de lograr resultados en ambientes difíciles, como lo es la gestión pública.
Por otra parte, los resultados de la elección constituyen también un desafío para los partidos que no cumplieron con sus expectativas. Los líderes crean un clima triunfalista previo al acto electoral y después deben hacer frente a esas mismas expectativas. En América Latina los partidos inflan burbujas (a veces con buena intención), al final los adherentes terminan convencidos de que son hechos. Entonces el día de la elección se produce una gran decepción, aunque el partido haya logrado un buen desempeño.
La oposición, necesaria en toda democracia, enfrenta un gran reto. Su actuación se concentra en buena medida en la Asamblea Legislativa, la cual normalmente no es bien percibida por la ciudadanía. A diferencia del partido gobernante, el cual es valorado más por lo que hace o no el Ejecutivo, los partidos de oposición, responsables o no, deben asumir la baja evaluación que la ciudadanía hace de la Asamblea. Formular una oposición inteligente es una tarea complicada, pero es la base para presentarse después al electorado. A esto se agrega el hecho de que el PLN cuenta con experimentados políticos que vuelven a la Asamblea, mientras que los partidos de oposición han recurrido casi exclusivamente a los nuevos rostros. Es un error partir de cero cada cuatro años.
Finalmente, la abstención sigue siendo un fenómeno preocupante. Fue a partir de 1998 que alcanzó la línea del 30% o superior. Entre 1962 y 1994 la abstención fue del 20% o menos en este tipo de elecciones. Algunos le restan relevancia a esto, incluso dicen que en otras democracias es peor, pero hay que recordar que la democracia costarricense es un referente internacional, no uno más.