Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 21 Mayo, 2009


De cal y de arena
Despierta Costa Rica

Costa Rica es importante ruta de tránsito de estupefacientes hacia Estados Unidos y con un consumo interno de drogas de alarmantes proporciones. Así lo destacaba el Informe de Estrategia para el Control Internacional de Narcóticos del Departamento de Estado, cuando se divulgó en febrero de 2008 la situación del año 2007. Cuánto esto se ha deteriorado, cuán lejos (o cuán cerca) estamos de caer en las redes del narcotráfico. Que lo digan quienes manejan información sensible en cuyas manos está la posibilidad de destaparle al país crudamente la realidad. A juzgar por las evidencias que recoge la prensa (seguramente la punta del iceberg) y por lo que enuncian las pocas autoridades que tocan el tema (el Fiscal General de la Nación, entre ellas) esto está que arde pues si bien el Departamento de Estado advertía que las incautaciones de droga se habían cuadruplicado, igual acotaba que el consumo había llegado a “niveles alarmantes” con un “dramático incremento de crímenes violentos” relacionados con las drogas.

Venimos en caída libre: en febrero de 2001 y a poco de haber dejado el cargo de Subsecretaria de Defensa de Estados Unidos, Ana María Salazar nos haló las orejas cuando el periodista le preguntó por el riesgo que ya entonces corríamos: “Esto es como una muerte anunciada. Uno ha visto la gran capacidad que tienen los narcotraficantes para movilizarse por lo que si no se crea un cerco jurídico o estratégico con la policía, se les van a meter los narcos y toda clase de bandidos”. Como es usual, los ticos seguimos tirados a la bartola. Un hecho nada fortuito sino debidamente planeado y maquillado con la presencia auspiciosa de connotados empresarios nacionales como fue la llegada de Caro Quintero, no nos sacó de la indiferencia. Tampoco los dineros del narco aportados a campañas presidenciales y los movimientos de avionetas y yates al servicio de esas redes, a veces con la participación de costarricenses “insospechables” y con la gracia de la hipocresía tan extendida en esta sociedad. Esas faraónicas torres residenciales, esos condominios de lacerante ostentación y a la vera de tugurios, esas fortunas súbitamente aparecidas sin conocido origen... ¿cuánto llegó aquí a blanquearse?

El Fiscal General pide leyes más severas con las cuales encarar el desafío del crimen organizado. La Ministra de Seguridad demanda fondos para capacitar a la policía. Tienen razón, cada uno en su área. ¿Pero basta ante las dimensiones políticas, sociales, culturales y económicas de la presencia del narcotráfico “alarmante” para 2007 y “masiva” por lo que se nota ahora? Mejores leyes, más recursos policiales y jueces y policías impolutos, sí, pero con una ambiciosa política de Estado que se ocupe de lo pendiente en educación, empleo, fortalecimiento de valores, restitución del principio de autoridad y trabajo duro particularmente en los segmentos sociales sofocados por la pobreza, el desempleo, la violencia familiar, la subestimación personal y la crisis de valores. Ahí tiene el Estado el frente de guerra más trascendental e importante de estos tiempos.