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Domingo, 24 de octubre de 2021



FORO DE LECTORES


Desde la cumbre

| Viernes 28 diciembre, 2012


Esa es la vida: constancia, trabajo silencioso, esfuerzo, todo proyecto, empresa, estudio, cualquier proyecto que nos haga crecer conlleva una cuota muy alta de frío, de cuestas, madrugadas o desveladas, músculos adoloridos o bien ojos cansados de leer y estudiar


Desde la cumbre

Como montañista escucho a la gente preguntar si ascender a mucha altitud implica un esfuerzo o sacrificio muy elevado, indagan sobre la falta de oxígeno, las condiciones en tiendas de campaña por muchos días o en refugios maltrechos ubicados más allá de los 6 mil metros sobre el nivel del mar.
Las respuestas hacen en algunas ocasiones generar gestos negativos, de sorpresa, asombro o bien algo así como este está loco, pues sí, quizá está loco, pero al mismo tiempo enamorado de las cumbres, del frío y el esfuerzo por alcanzar una meta, y qué mejor metáfora de la vida que subir una montaña, no por nada también se les dice a las pendientes cuestas, así es, las cosas en la vida cuestan, un ascenso en montaña, una carrera en la universidad, el proyecto de familia, levantar una empresa, en fin, cualquier meta importante nos conlleva un esfuerzo diario, noches y días.
Los deportes en general, pero los extremos en particular, son una forma de dibujar ese camino en el que estamos todos, para qué el frío, para qué entrenar, para qué madrugar, la respuesta es la recompensa y la satisfacción personal de alcanzar una cumbre, terminar una carrera, disminuir un tiempo.
Esa es la vida: constancia, trabajo silencioso, esfuerzo, todo proyecto, empresa, estudio, cualquier proyecto que nos haga crecer conlleva una cuota muy alta de frío, de cuestas, madrugadas o desveladas, músculos adoloridos o bien ojos cansados de leer y estudiar.
Cada paso que damos en una dirección, nos aleja de aquello que los estudiosos de las organizaciones llaman la zona de confort, sí, aquel sillón que nos llama todos los días a decir hasta aquí, es muy cómodo y seguro, cual canto de sirena, nos deja postrados en una de las condiciones más simples del ser humano: el conformismo.
Ese sentimiento que choca con aquel deseo interno, esa lejana voz que nos dice de lo mucho que podemos hacer, que el logro alcanzado es solo una etapa y que el siguiente paso será duro pero la recompensa y la satisfacción personal serán mayores.
El balance de las cosas: el ascenso no es en solitario, requerimos equipo, apoyo logístico y hasta emocional, familia, amigos, socios y equipo de ascenso, todos son importantes, llegar a una meta implica considerar no solo el aporte de cada una de las personas alrededor sino también el valor emocional de cada uno de ellos como seres humanos.
Por eso, antes de poner atención a las frases que desmotivan, que consideran suficiente un logro o innecesario un esfuerzo, piense en la cumbre, en la meta y en la satisfacción personal de concretar un proyecto.

Giovanni Rodríguez Rodríguez
Ingeniero industrial
Graduado del Sustainable Management Program, INCAE

 





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