Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 26 Noviembre, 2014

Quedamos con el desconcierto que causa constatar que la política sigue usando las mismas herramientas de siempre


Hablando Claro

Desconcierto

Lo que mal empieza mal acaba. El Ejecutivo presentó en setiembre un proyecto de Presupuesto Ordinario para el próximo ejercicio fiscal con un incremento real dos veces mayor a la inflación y con ello abrió el debate que nutrió por casi tres meses una vigorosa y saludable discusión sobre al menos una porción del gasto público.
Pero la deliberación se fue descomponiendo. Desde Zapote se alimentaron los argumentos tremendistas respecto de las funestas implicaciones que tendría tocarle un cinco al presupuesto y así fueron quedando en el camino de las buenas intenciones los propósitos de algunos legisladores y también de entidades que se lo tomaron en serio, como el Poder Judicial, la Contraloría y la Defensoría, de enmendar el proyecto con recortes que sin inhibir el funcionamiento de las entidades dieran muestra de una disposición seria de amarrarse la faja, para que el sacrificio empezara por casa. Pero nada fue posible. Hoy quedamos con el desconcierto que causa constatar que el tiempo perdido hasta los santos lo lloran y que la política sigue usando las mismas herramientas de siempre.
El lunes cuando el Presidente del Congreso y la bancada oficialista creyeron tener todo bajo control, eliminaron las apelaciones pendientes de trámite y sorpresivamente sometieron el proyecto a votación. Pero los números no dieron. Y en contra de lo previsto el presupuesto fue rechazado por 26 votos contra 25.
Así, habiendo perdido con los números, el Presidente recurrió a una resolución procedimental para dar por aprobado el controversial plan de gastos. Contra viento y marea.
Todo esto refleja una gran impericia —por demás innecesaria de desnudar— porque ni siquiera se ha llegado aún a la fecha límite establecida constitucionalmente para haber dado por aprobado automáticamente el polémico plan que ahora varios legisladores anuncian que podrían enviar a algún tipo de consulta o acción a la Sala IV.
Pero independientemente del estiramiento procedimental, el camino de los acuerdos políticos ya de por sí dificilísimos de lograr en un Congreso tan fragmentado, ahora queda más complicado aún.
Sin necesidad alguna de entrar en el terreno de las especulaciones respecto de los canjes y guiños de ojo que el gobierno y su bancada hicieron para conseguir que unos votaran, otros salieran del plenario y otros se quedaran sentados en el momento de la votación, lo que está claro es que el trámite presupuestario deja muchas heridas tempraneras que le pueden salir muy caras a una administración que apenas termina su primer semestre , que apenas está aprobando su primer presupuesto, que tiene obligatoriamente que presentar en algún momento una reforma fiscal y que también necesitará otras alianzas para avanzar iniciativas que habrán de sellar algunos de los compromisos de la gestión Solís Rivera.
Y todo ello, si antes ya era incierto, ahora se ve mucho más improbable.
Todo por levantar la mano de una victoria pírrica que puede convertirse a la larga en una derrota gubernamental, que por supuesto, lo sería también para el país.
Ojalá nos equivoquemos.

Vilma Ibarra