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Lunes 19 Octubre, 2009


No se puede vivir de las glorias del pasado, descuidar la salud y la educación. Hace falta un modelo económico y social que fortalezca la creación de oportunidades y propicie una adecuada redistribución de los beneficios del proceso productivo

Desarrollo humano una tarea impostergable

El reciente informe de Naciones Unidas sobre el desarrollo humano es una fuerte llamada de atención a nuestros gobernantes latinoamericanos.
Definitivamente la región latinoamericana no sale para nada favorecida con ser la zona del mundo de mayor desigualdad social, con alrededor de 181 millones de pobres y más de 70 millones de indigentes —pobres entre los pobres—. Si a lo anterior le sumamos, que en la región los pobres tienen cara de mujer y de niñez y adolescencia —NNA—, estamos claramente hipotecando el desarrollo futuro. Además, los resultados de 2009 apenas anticipan los efectos de la crisis, que seguramente se verán mucho más claros en la evolución del índice del próximo quinquenio, dado que este refleja tendencias de mediano plazo.
La lección a Costa Rica es clara, no se puede vivir de las glorias del pasado, descuidar la salud, la educación y las bases del proceso productivo —competitividad— sale mucho más caro a mediano plazo. El país claramente ha apostado por reformas económicas que a largo plazo han profundizado la desigualdad, la exclusión social y una sociedad mucho más violenta.
Por esa razón los desafíos del desarrollo humano —la felicidad en su concepto más filosófico— van más allá que una simple mejora en la inversión social del gobierno, se trata de retomar las bases de un modelo económico y social incluyente, que fortalezca la creación de oportunidades y que propicie una adecuada redistribución de los beneficios del proceso productivo.
Si realmente queremos recuperar el camino perdido, debemos apuntalar las bases de una reforma pública que propicie una mayor cantidad y calidad de los bienes públicos básicos —salud, educación, seguridad ciudadana— una apuesta estratégica al fomento de la ciencia, la tecnología y la innovación y por supuesto, una reforma institucional que reduzca sustantivamente los costos de transacción del sistema económico.
El tren del desarrollo no viaja a 25, viaja a 300 kilómetros por hora, por esa razón montarse al tren no necesariamente significa avanzar. Debemos ser capaces de aumentar la productividad de lo que hacemos y favorecer una sociedad incluyente pero flexible, competitiva y solidaria, ágil pero profundamente democrática. El desafío esta pendiente, la tarea es impostergable.

Leiner Vargas Alfaro
Economista UNA
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