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Derivados cambiarios no calientan

Instrumentos de inversión sofisticados son considerados como una de las causas de la crisis en Estados Unidos

Víctor Sanabria
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Con la entrada en vigencia del sistema de bandas, el comportamiento del tipo de cambio se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los agentes económicos, pues ahora les corresponde asumir el riesgo por las variaciones que sufra la cotización de la moneda nacional.
Sin embargo, a pesar de la incertidumbre que trajo el nuevo sistema de bandas, los instrumentos financieros existentes para protegerse del riesgo que este conlleva apenas se utilizan.
Los derivados son activos financieros que se “derivan” de otro activo, financiero o real.
Los mercados, en especial de países desarrollados, han creado una serie de coberturas cambiarias o derivados financieros con el objetivo de eliminar, o al menos minimizar, las posibilidades de sufrir pérdidas inesperadas como consecuencia de las variaciones en los tipos de cambio.
En el caso de Costa Rica, los derivados cambiarios cuentan con un reglamento específico, a excepción de los instrumentos llamados opciones, que son contratos que otorgan a su poseedor el derecho de comprar en una fecha futura determinada cantidad de activos a un precio establecido previamente.
Las coberturas cambiarias tienen el propósito de complementar las acciones del Banco Central en materia de política monetaria, y proteger a los inversionistas de cambios drásticos en la cotización de la moneda local.
Sin embargo, los acontecimientos que llevaron a la crisis financiera en Estados Unidos a través de productos financieros sofisticados y su falta de regulación, que desembocó en la crisis subprime, manchó la reputación de este tipo de instrumentos y provocó que algunos inversionistas dudaran sobre la conveniencia de usar estos en el país.
“Por lo pronto, salvo mejor criterio, los instrumentos que podemos desarrollar en nuestro país cuentan con un marco regulatorio mínimo pero sustancial. La experiencia nos brindará la oportunidad de crecer e igualmente aprovechar las nuevas corrientes como resultado de lo acontecido en Estados Unidos”, mencionó Geovanni Sandí, analista internacional del Grupo Acobo.
Como parte del proceso, queda pendiente de estudio cuál va a ser la institución que deba estar a cargo de certificar a las entidades que desean ofrecer estos productos y que, se espera, estén en el mercado en diciembre de este año.
“Ya existen varios instrumentos en el mercado, aunque su uso ha sido muy limitado hasta ahora. Una mayor variabilidad del tipo de cambio y una mayor información al público posiblemente aumentarían la demanda de estos instrumentos”, dijo Alberto Franco, economista.
El éxito dependerá de cuánto se informen los agentes económicos, entre ellos, inversionistas, exportadores e importadores, para sacarles el mayor provecho a estos productos financieros.
“Educación, una actitud positiva del mercado empresarial e inversionista ante la nueva realidad del mercado. Difícil es pensar en un retorno a los esquemas anteriores en mercados cada vez más abiertos”, expresó Sandí.
“Regulados adecuadamente, los instrumentos financieros para la protección del riesgo cambiario pueden contribuir al funcionamiento más eficiente de la economía, que contribuya con el crecimiento de la actividad productiva, entre otras variables”, agregó Franco.
Desde mayo de este año, el Consejo Nacional de Supervisión del Sistema Financiero (CONASSIF), aprobó el reglamento para la autorización y ejecución de operaciones con derivados financieros.
El reglamento contempla una serie de normas necesarias que deben satisfacer las entidades reguladas para ofrecer coberturas cambiarias, además de que regula los requisitos que deben observar todos los participantes del mercado cambiario.
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