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Viernes 1 Marzo, 2013

La verdadera lucha debe ser de altura, con ideas; una ardua labor de convencimiento, sensibilización, valores. Demostremos lo que realmente nos hace diferentes: la prudencia, el respeto y la humildad


Derechos de las personas

Desde el mes de junio de 2012 el diputado Justo Orozco preside la Comisión Permanente Especial de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa. Lo anterior es un hecho que aparentemente y según declaraciones varias del legislador no cambiará, por lo menos no hasta el 30 de abril.
Las luchas de la población homosexual por reivindicar sus derechos legítimos como ciudadanos, seres humanos y merecedores de que el Estado de Derecho garantice sus libertades más fundamentales, en razón de los diversos acuerdos y tratados internacionales ratificados por nuestro país, son absolutamente válidas y deben seguirse dando. No obstante, las mismas se han enfrascado la lucha en una discusión que no avanza y tampoco llevará a puerto seguro.
Las posiciones y creencias del diputado Orozco no van a cambiar y así lo ha dicho. Sus comentarios han reflejado un punto de vista que para nadie era un secreto, debido a sus convicciones cristianas radicales en las cuales lo taxativamente plasmado en la denominada escritura sagrada es ley, y donde lamentablemente se hace una apología del odio hacia la población con orientación sexual libre como le denomino yo, porque no me parece que haya que hacer una diferenciación, es cuestión de libertad.
No es atacando al legislador ni colocando peluches y plumas en curules como se soluciona el atentado estatal contra los derechos humanos reconocidos internacionalmente, mucho menos con ofensas, ataques o irrespetos hacia el representante popular (sí, es el representante popular de diversos sectores).
No olvidemos que fueron 20.563 votos los que dieron a Orozco una curul en el Congreso y es a esos votos a quienes en principio se debe el diputado, sin olvidar su carácter de representante nacional.
Lamentablemente muchas personas en nuestro país se sienten identificados con la lucha misógina e injusta emprendida por don Justo, y aquellos quienes no votaron por él y a la vez se sienten retratados con sus argumentos le darán sin duda un espaldarazo a su partido en las próximas elecciones.
Una campaña publicitaria gratuita es lo que estamos brindando al legislador quien muy bien sabe que todo este montaje mediático le favorecerá políticamente y por ello no ha callado, sino todo lo contrario, cuando se le hacen entrevistas con mayor gusto se posiciona.
Tal vez hayamos pecado de ingenuos al considerar que los proyectos como sociedades de convivencia no son hoy una realidad por culpa del señor Orozco, no obstante, me temo que son mayoría en la actual conformación legislativa quienes sin tener que exponerse mediáticamente votarían negativamente esa y cualquier propuesta similar.
Puede ser muy extremo lo que me atrevo a decir, pero ese sea quizá el reflejo del pensamiento de nuestra sociedad.
La indignación ciudadana es entendible, clara y respetable, pero la verdadera lucha debe enfocarse no en Justo Orozco, quien no resulta ser más o menos que un voto en el Parlamento, sino que debe ser una lucha de altura, con ideas; una ardua labor de convencimiento, de sensibilización, de valores. Demostremos lo que realmente nos hace diferentes: la prudencia, el respeto y la humildad.

Giancarlo Casasola Chaves
Estudiante de ciencias políticas
[email protected]