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No es que no existan recursos, es que su mala administración no produce lo suficiente para elevar el nivel del fútbol
Deporte nacional se convierte en un mal negocio

• Futbolistas y técnicos de primera división acaparan presupuestos de clubes en detrimento de ligas menores, canchas e infraestructura, coinciden expertos
• Un reglamento para todos los equipos sería la tabla de salvación, pues dividiría en porcentajes obligatorios la inversión del presupuesto sin descuidar ningún área

Eduardo Baldares
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Siempre se habla de que el fútbol nacional está en crisis. ¿Y cómo no, si uno se duerme en los partidos, si a los equipos les cierran los estadios por morosos, si las canchas se parecen a las carreteras costarricenses y la Selección Nacional se derrumba 55 lugares en el ranking Fifa?
Pero léalo bien: No es que no haya plata, sí la hay. Según un estudio de LA REPUBLICA solo en 2007 los clubes de primera división habrían captado recursos por unos $13 millones, y entonces viene la pregunta automática, ¿qué se hace con tanto dinero?
La primera respuesta sería qué no se hace. No se invierte lo necesario en liga menor, por lo que los futbolistas llegan a la primera división con serias deficiencias técnicas, tácticas, físicas y psicológicas, entre otras.
Tampoco se ha enfatizado en la necesidad de complejos deportivos con campos de entrenamiento para las divisiones inferiores, por lo que las canchas oficiales son sobreexplotadas. Así se explica el deplorable estado de la mayoría de ellas en comparación con los céspedes internacionales, sin hablar de graderías en mal estado, techos que el viento se llevó, y en general de la fealdad de los estadios.
Cancelar las cuotas establecidas por la Ley a la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) tampoco había sido prioritario, pero tras los
cierres sucesivos de algunos estadios varios equipos corrieron y siguen corriendo, en pos de soluciones.
Solo San Carlos, Pérez Zeledón y la UCR están al día, según la Dirección de Cobros; Carmelita, Cartaginés y Santos tienen deudas “manejables” y los demás sí están en un serio problema, principalmente Alajuelense, Saprissa y Herediano, los supuestos “grandes”.
Y todo esto producto de una mala gestión de los fondos captados, que según los expertos consultados, se debe a la inflación de los salarios de futbolistas y técnicos de primera división, quienes acaparan más de la cuenta, en detrimento del desarrollo a largo plazo de nuestro balompié.
La c
onfección de presupuestos con porcentajes obligatorios de inversión es una posible medida, pues garantizaría que ningún área sea descuidada, llámense obligaciones con instituciones estatales, ligas menores, canchas, instalaciones y por supuesto salarios, pero estos últimos con un tope.
Otro factor por considerar es la necesidad de un Campeonato Nacional competitivo, en el que más de dos equipos tengan opciones reales de disputar los títulos. Esto se podría lograr mediante la equiparación forzada de las economías mediante la creación de un paquete publicitario único, con el que se garantizarían fondos para todos los clubes que cumplan los requisitos mínimos establecidos por Fifa con el año 2010 como plazo límite.
Actualmente la gran tajada del pastel de ganancias se la comen los equipos “grandes”.
Por
último, se sugiere una categorización de jugadores A, B, C y D, de manera que los clubes no puedan exceder ciertos límites y que vendría a nivelar las fuerzas internas en beneficio de la Selección Nacional, pues los seleccionados provendrían de un torneo más equilibrado, y por lo tanto más competitivo.
A estas y otras conclusiones llegó LA REPUBLICA después de entrevistar a Iván Mraz, ex gerente de Alajuelense, Herediano y Cartaginés; Jorge Alarcón, ex gerente de Saprissa, Puntarenas y San Carlos; Joaquín Hernández, presidente de la Unión Nacional de Fútbol de Primera División (Unafut); Eduardo Li, presidente de la Federación Costarricense de Fútbol (Fedefútbol); el columnista deportivo Gaetano Pandolfo y el entrenador Rodolfo “Fofi” Arias, ex gerente del Comunicaciones de Guatemala y coordinador de las escuelas de fútbol del A.C. Milán en Costa Rica.
“La orden de Fifa no es una amenaza, sino un estímulo para mejorar, para proponer soluciones. Por ejemplo, a finales del año pasado probamos con el proyecto de pronósticos deportivos mediante las tarjetas TuGol y se generaron ¢24 millones que fueron repartidos entre los 12 clubes para ser invertidos exclusivamente en liga menor. Estamos estudiando cómo masificarlo aún más, de manera que genere más ganancias para repartir”, aportó Hernández.
“Es fundamental la capacitación en ligas menores. Un ex jugador de fútbol no tiene el conocimiento suficiente para asumir ligas menores. Ese es un gran error que cometen los equipos en nuestro país y por eso llegan jugadores a primera división con deficiencias. Se requieren conocimi
entos en pedagogía, psicología, preparación física y por supuesto, si se ha sido futbolista mejor, pero con estudios”, coincidió Arias.
“Todas esas ideas son muy buenas, pero ¿qué se hace con repartir los jugadores entre los equipos y obligarlos a cumplir requisitos si muchos clubes no tienen con qué? Para que no queden solo dos equipos tras el ultimátum de Fifa, habría que crear un fondo publicitario común, no para dividir las entradas en partes iguales, sino para que el menos pudiente de los supervivientes en Fifa tenga capacidad para pagar una planilla competitiva sin descuidar las otras áreas de inversión”, propuso Pandolfo.
Mientras tanto, la realidad del balompié nacional la refleja mejor que nadie el Herediano, un club de los supuestamente “grandes” y que tiene una de las planillas más competitivas del país, y por ende de las más caras, pero que solo este año sufrió dos veces el cierre de su estadio, uno por la Caja y otro por Tributación Directa, sin olvidar la deuda por ¢28 millones que un juzgado ya le ordenó cancelarle al ex futbolista Geovanny Jara.







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