Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 12 Mayo, 2014

Las nuevas autoridades de Gobierno y de la CCSS deben acoger con seriedad la valuación actuarial del régimen de IVM


Disyuntivas

Demografía y seguridad social

Se están dando grandes cambios en la composición por edades de nuestra sociedad. Experimentamos desde finales de la década de 1960 una gran disminución en la tasa de nacimientos. Mientras en 1950 las personas menores de 15 años representaban un 42% de la población, en 2000 eran un 31%, ahora un 23 y se estima que para 2050 sean solo una de cada seis personas.
Eso nos ha dado una ventana de oportunidad: la población en edad de trabajar fue creciendo en proporción a niños y adolescentes. La población de 15 a 65 años pasó de un 55% del total a ser ahora casi un 70%.
También en estos años va en aumento la expectativa de vida. Así, a la vez que bajaba la proporción de la población con menos edad, crecía la proporción de nosotros los más viejitos. Los mayores de 65 años pasamos en la última mitad del siglo XX de un 3% a un 5% de la población, ahora somos un 7%, y para mediados de este siglo se espera representen un 20%: una de cada cinco personas cuando cien años atrás eran una de cada 33.
Así la disminución del peso sobre los trabajadores de sostener a los menores se va a ver compensada por la presión de sostener —con los sistema jubilatorios— a los de la tercera edad.
En 1950 por cada dependiente (personas menores de 15 años y de 65 años o más) había 1,2 trabajadores (personas de 15 y más y menores de 65 años). Ya a finales de siglo se contaba con medio trabajador más para sostener la carga de un dependiente. Ahora se cuenta con 2,25 y nos acercamos al mínimo de carga cuando para cada dependiente se cuente con 2,8 trabajadores.
Pero de ahí en adelante, por el crecimiento sostenido en la proporción de personas de la tercera edad, esta ventana de oportunidad se empieza a cerrar y para 2050 solo contaremos con 1,75 trabajadores por dependiente.
Para enfrentar esta transformación de nuestra población se han dado pasos trascendentales. El primero, por supuesto, la creación de los seguros sociales en la administración del Dr. Calderón Guardia. Luego los pasos para su universalización y la obligación constitucional de hacerlo en el Gobierno de don Mario Echandi. Lo siguió el establecimiento del Régimen no Contributivo de Pensiones por iniciativa del diputado Rafael Ángel Calderón F. en el gobierno de don Daniel Oduber y finalmente, durante mi gobierno, con el maravilloso fruto de la concertación nacional que es la Ley de Protección al Trabajador que asegura una pensión complementaria a los trabajadores.
Pero la tarea no está terminada y debemos prestar especial atención a este tema tanto por el cambio demográfico que he recordado, como por las tendencias a la concentración de ingresos que se dan en muchas naciones del mundo.
Las nuevas autoridades de Gobierno y de la CCSS deben acoger con seriedad la valuación actuarial del régimen de IVM que está elaborando el consultor Eduardo Melinsky para esa institución y para SUPEN, y tomar sin dilación las medidas necesarias para asegurar su viabilidad financiera (edad de retiro, monto de cotización, cálculo de pensión). Deberán hacerlo tomando en cuenta que el sistema de seguridad social sea progresivo y amaine la desigualdad. Y como posteriormente comentaré, igualmente se debe asegurar, por las autoridades del sector social, justicia y eficiencia en el manejo del sistema no contributivo de pensiones.

Miguel Ángel Rodríguez