Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 24 Agosto, 2011


Hablando Claro
Democracias estrechas

Desde este lado del mundo podíamos entender como muy lógico a partir de nuestra comprensión de lo que es la democracia, el levantamiento del mundo árabe clamando por una nueva era de concordia, con verdaderas oportunidades de educación, salud y empleo digno para las inmensas mayorías desposeídas, cansadas de observar cómo sus dictadores, reyezuelos y jeques ostentan sus incontables riquezas ante sus estómagos hambrientos, sus rabias contenidas y sus vidas sin proyecto. Pero ¿adónde encontramos las explicaciones a las protestas de los indignados en España, a los tumultos y saqueos en pleno Londres y a tres meses de protestas en Chile por cierto hoy y mañana en paro nacional urgiendo un nuevo modelo económico? El Papa Benedicto XVI dijo en su visita a Madrid que “el lucro desmedido es la causa de la crisis…”. Una verdad como una catedral en la que por cierto no parece haberse escuchado ningún mea culpa hacia el despilfarro y los negociados de su propio Estado. Pero verdad al fin.
La globalización, dice mi amigo Pablo Ureña, “ha sido extraordinariamente eficaz en desatar las fuerzas productoras de riqueza y, al mismo tiempo, en concentrar esa riqueza en pequeñísimos grupos indecentemente ricos”. Y las víctimas del modelo se esparcen por todo el planeta porque la avaricia es inagotable. Según Ureña, un estudio del Instituto Mundial para la Investigación del Desarrollo Económico de las Naciones Unidas reveló que el 2% de los adultos del mundo posee más del 50% de la riqueza familiar del planeta. El 1% de la población concentra el 40% de los activos mundiales y el 10% más rico posee el 85% de esos activos.
La realidad es abrumadora. Camila Vallejo, Presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, explica que con las utilidades de La Escondida, una de las mineras privadas más grandes de su país, sería posible financiar toda la educación. Razón por la cual la líder pone énfasis en lo evidente: “los recursos existen… Chile necesita grandes reformas estructurales. El modelo actual solo garantiza desigualdad”.
El caso chileno nos deja atónitos. Por años, admiramos la capacidad de los hermanos del Cono Sur precisamente para reencontrarse en la convivencia democrática. Con todas sus tonalidades, la concertación fue modelo. Sus políticas macroeconómicas les permitieron traerse abajo la enorme pobreza del 45% en tres décadas para erigirse como el ejemplo a seguir. Era se nos decía el primer país que alcanzaría el grado de “desarrollado” en América Latina. Queríamos ser como Chile. Hoy no.
Chile invierte el 3% de su PIB en educación. Nosotros el doble. Y aspiramos a invertir el 8% en poco tiempo. Pero para eso también necesitamos muchas reformas estructurales. Particularmente requerimos como Chile una profunda modificación de verdadera justicia tributaria y ventilar entre otros muchos asuntos lo que sucede en torno a nuestro sistema de pensiones, hoy bajo el velo del secreto. Hay muchas tareas por delante. No podemos llenar de deudas sin futuro a nuestros jóvenes y dejar sin pensión a nuestra generación. La democracia es hoy un traje estrecho. Urge componerlo.

Vilma Ibarra