Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 18 Junio, 2014

Cada caso de emergencia, donde está en riesgo una vida, cuando llega a un centro de salud, desplaza a un paciente en angustiosa espera


Hablando Claro                                    

Delito superlativo

Casi 7.500 conciudadanos esperan estoicamente desde hace dos larguísimos años o más, un turno para ser intervenidos en el servicio de ortopedia del Hospital Calderón Guardia. Se trata de personas con las más diversas afectaciones y cuya calidad de vida está francamente disminuida por sus padecimientos. Hombres y mujeres que mejorarían de manera sustantiva si recibieran los implantes y procedimientos que requieren para solventar sus problemas ortopédicos.
Todos comprendemos que en general, la saturación de los servicios ortopédicos se ve hoy en día más comprometida por la enorme cantidad de  traumas  relacionados con la complejidad y gravedad  de las lesiones ocasionadas por los accidentes vehiculares y especialmente por la alta velocidad. Así, cada caso de emergencia donde está en riesgo una vida, cuando llega a un centro de salud, desplaza a un paciente en angustiosa espera.
Una persona que no morirá ciertamente en lo inmediato, pero que sin duda va muriendo de a poquito porque nuestro sistema de salud no puede brindarle una solución rápida que le restituya su calidad de vida.
En esta dolorosa realidad, se desempeña un sistema que a todas luces no ha tenido la capacidad de planificar el crecimiento de la población que debe atender.
En el caso del Calderón Guardia, su red de influencia abarca a 2,2 millones de habitantes del país desde San Pedro de Montes de Oca hasta la provincia de Limón. Un 18% de ese total es población mayor de 65 años. Población entonces mucho más vulnerable a padecimientos ortopédicos. 
Peor aún, las autoridades estiman que solo considerando la población de San José a Guápiles, es muy posible que estemos en presencia de un 25% de población adulta mayor en la zona de influencia de este centro hospitalario.
La actual dirección médica, bajo el liderazgo del Dr. Eduardo López Cárdenas, que aceptó en proceso de intervención la responsabilidad de atender el Calderón Guardia, espera poder enfrentar el mayúsculo desafío de la falta de planificación que agobia este y otros servicios saturados.
Es cierto sin lugar a dudas que debemos enfrentar el reto de la planificación de nuestros servicios con una población que envejece en una curva socio demográfica ascendente.
Lo que resulta inaceptable y repudiable en grado superlativo, como para implorar al cielo que el brazo de la justicia actúe por fin sin más dilación, es constatar que en medio de estas premuras, profesionales de salud y administradores de esos servicios, hubieran cometido el delito, no “solo” de robarse el dinero de las arcas públicas mediante la supuesta defraudación con los insumos ortopédicos del Calderón Guardia, sino que hubieran tomado por asalto, el respeto y la dignidad de personas, con vida o ya fallecidas, cuyos nombres e integridades, se han usado vilmente, por la pura y baja ambición de robarse una plata.

Vilma Ibarra